Esperanza

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Residencia de la familia Dian Cecht, Habitación de recuperación de Pyrion.

"¡Pyrion!"

Mientras Pyrion recordaba los momentos de su batalla contra Zald, un fuerte grito y el sonido de pasos apresurados lo tomaron por sorpresa.

¡PORTAZO!

La puerta de su habitación se abrió de golpe, y una mujer alta, de piel morena, entró rápidamente.

"¡Pyr!"

Ese grito, lleno de alivio y ansiedad, fue lo último que escuchó Pyrion antes de ver cómo la mujer se lanzaba con fuerza sobre él.

¡BAM!

¡BUFF!

"Aghh, ¡Tsubaki, maldita sea! ¡Ten un poco de delicadeza... soy un herido!" Sintiendo cómo el aire se le escapaba de los pulmones, Pyrion se quejó de dolor al ser "arrollado" por un "camión".

"¡Pyr!"

Tsubaki, por otra parte, no escuchó sus quejas; simplemente lo abrazó con fuerza mientras las lágrimas caían por su hermoso rostro.

"Oye... estoy bien. Tu querido hermano está bien." Sintiendo el cuerpo de Tsubaki temblar en sus brazos, el corazón de Pyrion se ablandó, y con cariño le acarició la cabeza.

"¡Pyrion!"

Sin embargo, el momento emotivo no duró mucho, ya que pronto otra persona entró con rapidez en su habitación. Igual que Tsubaki, una mujer de cabello rojo fuego apareció en su campo de visión justo antes de saltar sobre él.

¡BUFF!

Sintiendo nuevamente el aire escaparse de sus pulmones, Pyrion no tuvo tiempo de quejarse al ver quién era la nueva persona que ahora abrazaba su cabeza.

"Hefesto..." Pyrion no pudo evitar sorprenderse al ver a su diosa, quien derramaba lágrimas mientras lo abrazaba con fuerza.

Desde que era niño hasta ahora, para Pyrion esta era la primera vez que veía llorar a Hefesto.

Por un momento, la culpa invadió a Pyrion; quien sin darse cuenta había preocupado tanto a su madre hasta el punto de hacerla llorar.

"Yo... Lo siento, Hefesto. Lo siento, Tsubaki." Afligido por sus deseos egoístas que pusieron en peligro a su familia, Pyrion bajó la cabeza con remordimiento.

"Idiota... ¿sabes lo preocupada que estuve por ti?" Con lágrimas en el rostro, Hefesto lo abrazó con más fuerza, apoyando la cabeza de Pyrion contra su pecho.

Tsubaki también levantó la cabeza y, entre lágrimas, se quejó: "¿Sabes cuánto nos dolió verte en ese estado a la diosa y a mí?"

Pyrion guardó silencio, enterrando la cabeza en el pecho de Hefesto.

Como podría el imaginar el dolor que sintieron, Tsubaki y Hefesto al ver su estado casi muerto saliendo del calabazo.

Aunque nadie podría haber predicho la repentina aparición de Zald, aun así el resultado hubiera sido diferente, si el no se hubiera sumido en la tristeza de perder a algunos de sus hermanos, y haber ignorado las preocupaciones de los que realmente lo aman.

"Está bien, ahora no importa el resto; lo único que importa es que estás bien." Con voz suave, Hefesto que sintió que el aire alrededor se hijo se volvía deprimente, acarició la cabeza de Pyrion mientras lo consolaba, dejando sus quejas para otro momento.

Sintiendo una calidez en su corazón, Pyrion abrazó a ambas mujeres con fuerza. Para él, tanto Hefesto como Tsubaki eran su familia más preciada, algo que había deseado con fervor en su vida pasada y que ahora tenía, y no estaba dispuesto a perderlo.

Fragua y AceroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora