No quería hablar. En ese momento, sentía que si decía algo, sería para gritarle a Oscar o tirarle algo por insistir tanto. Lo entendía, estaba preocupado por mí, pero no podía hablar. No quería contar lo que me estaba pasando, no quería mencionar el infierno que vivía en esos días. No quería explicar por qué me había alejado nuevamente de Pierre, ni por qué parecía muerto en vida. Solo quería que me dejara tranquilo. Necesitaba cerrar los ojos, aunque fuera por treinta segundos. Desconectarme de este mundo que comenzaba a detestar profundamente.
-¿Yuki, en serio no piensas decirme nada? -preguntó Oscar con evidente preocupación en su voz.
Lo sentí cerca, observándome con esos ojos que reflejaban miedo y angustia. Claro que estaba asustado. Me había visto llegar al salón con un moretón en la cara y marcas en los brazos. ¿Cómo no preocuparse? Parecía que había salido de una pelea callejera.
-Yuki... -insistió, pero yo seguía sin mirarlo.
-Oscar, basta, por favor -murmuré, agotado, sin levantar la vista de mi cuadernillo. Mi voz sonaba débil, apenas un susurro cargado de cansancio. No quería que me mirara a los ojos, no quería que viera lo mal que estaba-. Ya te lo dije, no quiero hablar.
-Pero no es justo. Yo... estoy preocupado por ti -respondió, su tono mezclando frustración y tristeza mientras tomaba mi libreta, interrumpiendo mi escritura-. Has faltado tres días, no respondes a tus mensajes. Fui a tu casa y solo me encontré con Max, y lo único que me dijo fue que no estabas. ¿Qué me ocultas? ¿Max te golpea, Yuki?
Sus palabras hicieron que levantara la cabeza de golpe. La idea era tan absurda que por un segundo olvidé mi agotamiento. Max jamás me golpearía. No como lo hace Kamui.
-¡No! Claro que no -respondí rápido, pero mi voz perdió fuerza al instante. Bajé la mirada de nuevo, sintiendo cómo mis ojos se llenaban de lágrimas que no quería derramar frente a Oscar-. Es solo que... no puedo decirlo aún...
Mi voz se quebró. Había pasado noches enteras llorando, murmurando lo mucho que extrañaba a mi papá Checo. Y ahora, aquí estaba, intentando mantenerme entero frente a mi amigo.
-Solo dame tiempo, Piastri, unos días más. Hasta que me sienta listo para hablar, por favor. No sigas insistiendo -supliqué, apretando mi bolígrafo con tanta fuerza que sentí el plástico crujir entre mis dedos-. No estoy listo para contarte lo que pasa...
Mi tono era apenas audible, como si con cada palabra me hundiera más en un abismo del que no sabía cómo salir.
Oscar me observó en silencio durante unos segundos. Lo sentí frustrado, queriendo insistir, pero también sabía que no iba a sacarme nada. Bajé la cabeza, esperando que simplemente se rindiera y dejara de mirarme con esa mezcla de lástima y preocupación que tanto me incomodaba.
Finalmente, suspiró y dejó la libreta sobre mi escritorio, pero no se alejó.
-Está bien, Yuki, no voy a presionarte... -murmuró, aunque su voz delataba que no estaba del todo convencido de dejar el tema-. Pero si necesitas algo, lo que sea, sabes que estoy aquí, ¿verdad?
Asentí levemente, sin levantar la vista. Oscar era insistente, pero también sabía cuándo detenerse. Por eso lo consideraba mi amigo. Pero ahora mismo no podía permitirme abrirme, no cuando sentía que, si decía algo, el nudo en mi garganta me ahogaría.
Pasaron unos minutos en silencio. Escuché cómo se movía detrás de mí, seguramente regresando a su lugar, aunque lo sentí mirarme de reojo varias veces. Yo intenté concentrarme en las líneas de mi cuadernillo, pero las letras empezaron a volverse borrosas.
Extrañaba tanto a papá Checo. Extrañaba la manera en que siempre sabía qué decir para calmarme, cómo sus abrazos me hacían sentir seguro. Extrañaba a Max también. Su firmeza, su forma de cuidarnos, como si el mundo entero pudiera venirse abajo y él siempre encontraría la manera de levantarnos a todos. Y Pierre... bueno, extrañaba incluso su testarudez y esa forma suya de no dejarme escapar de nada. Ahora, más que nunca, sentía que los necesitaba, pero estaban tan lejos.
No me di cuenta de que había dejado caer el bolígrafo hasta que Oscar lo recogió y lo dejó suavemente sobre mi mesa. No dijo nada, pero su gesto me hizo sentir aún más pequeño. Tomé una respiración profunda, intentando no quebrarme de nuevo.
El timbre sonó anunciando el final de la clase. Oscar se levantó con calma, recogiendo sus cosas, y me lanzó una última mirada antes de salir del salón.
-Te veo después, Yuki. No te encierres, por favor...
Lo observé irse, y por un instante consideré detenerlo, decirle algo. Pero no podía. Las palabras se atoraban en mi garganta como si mi propio cuerpo se negara a dejarlas salir. Me quedé ahí, solo, rodeado por los ecos de la clase vacía.
Terminé guardando las pocas cosas que quedaban sobre mi escritorio. No quería irme. Sabía perfectamente lo que me esperaba al llegar a casa: más tareas, más órdenes, más de esa sensación de asfixia que no me dejaba respirar. Lo único que deseaba en ese momento era dormir, aunque fuera solo una vez. Hacía días que apenas cerraba los ojos, y el agotamiento comenzaba a pesarme.
Cuando finalmente terminé, me dirigí hacia la puerta del salón. Solo quería salir de allí rápido y sin que nadie me detuviera, pero mi camino fue bloqueado por una figura conocida. Levanté la vista, y ahí estaba: Pierre. Sus ojos, cargados de preocupación, me miraban con intensidad, buscando respuestas que yo no podía darle. Sentí cómo mi pecho se encogía, pero tenía que cumplir lo que Kamui había ordenado: cortar cualquier lazo con él.
-No te vayas, por favor -su voz era un susurro apremiante mientras me sostenía del brazo. Solté un pequeño jadeo de dolor por reflejo, lo que lo hizo retroceder de inmediato.
-¿Qué te sucedió, Yuki? ¿Por qué aceptaste irte con él? -Las preguntas seguían llegando, una tras otra, como si cada una fuera un golpe directo a mi mente, ya saturada de tantas dudas y preocupaciones. No respondí. No podía.
En lugar de eso, lo empujé suavemente para abrirme paso y salí corriendo. Corrí tan rápido como mi cuerpo agotado me permitió, sin mirar atrás. Necesitaba escapar, alejarme de todo. Al llegar a la salida, me encontré con el auto de Kamui esperándome. Apenas me subí, cerré la puerta con rapidez, sintiendo el peso de su mirada a través del retrovisor.
-¿Por qué tardaste? -preguntó de forma tosca, su tono cargado de irritación. Su mirada en el retrovisor me taladraba mientras tamborileaba los dedos sobre el volante-. Tengo una junta importante. No tengo tiempo para esperarte. Y no me digas otra vez que no es necesario que venga a buscarte, porque ya sabes por qué lo hago.
Lo sabía. Claro que lo sabía. Me recogía todos los días para asegurarse de que no tuviera la oportunidad de ver a papá. Cada acción suya estaba calculada para mantenerme bajo su control.
-Lo siento... un profesor me detuvo para decirme que mis calificaciones están siendo perfectas otra vez -mentí rápidamente. No podía decirle la verdad: que Pierre se había acercado a mí. Sabía lo que eso significaría para él, y no podía permitir que Kamui lastimara a una de las personas que más me importaban.
ESTÁS LEYENDO
¡Yuki!
FanfictionEsta historia está narrada principalmente desde el punto de vista de Yuki, mostrando el impacto que puede provocar la separación de sus padres y la inesperada aparición de dos personas en su vida que, con el paso de los días, la transformarán por co...
