La vida de Pérez y su hijo no podía ser más complicada. Cada día algo nuevo parecía empeorar la situación, y ambos comenzaban a resignarse a la idea de que su destino era vivir bajo la sombra de aquel hombre por el resto de sus vidas.
Sergio estaba agotado. Su mente imploraba un respiro de toda aquella tormenta; estaba harto de pelear, de discutir, de alzar la voz con la esperanza de ser escuchado por alguien que, en el pasado, había sido su esposo y el amor de su vida. Ahora, cada día se sentía más débil, como si el peso de proteger a Yuki estuviera quebrando poco a poco su espíritu. Su pecho dolía al pensar en las decisiones que lo habían llevado hasta ese punto. Si nunca se hubiera separado de Kobayashi, quizás su hijo no estaría sufriendo todo esto. Tal vez, incluso, Max no estaría involucrado en este pozo de problemas que parecía no tener fin.
Y ahí estaba él, empujando con todas sus fuerzas aquella puerta de madera que Kamui intentaba abrir desde el otro lado. Su respiración era errática, y las gotas de sudor bajaban por su frente. Le había dicho que no quería volver a verlo, que no lo buscara más, pero sabía que Kamui no se rendiría tan fácilmente. Siempre encontraba una manera de volver, de invadir su vida, de intentar arrebatarle lo que más amaba.
—Vamos, Sergio... ¿Por qué tienes que hacerlo tan complicado? —La voz del japonés, cargada de exasperación y falsa calma, llegó con claridad a través de la puerta mientras él empujaba con más fuerza—. No lo hagas más difícil, maldita sea...
Sergio apretó los dientes, sus manos temblaban por el esfuerzo de mantener la puerta cerrada. Sentía cómo su mente se llenaba de pensamientos oscuros y desesperados. Jamás había imaginado que, a sus 30 años, estaría viviendo algo así. ¿Qué debía hacer? ¿Ceder y dejar que Kamui ganara de una vez por todas? ¿Seguir peleando, aunque cada fibra de su ser estaba al borde del colapso? ¿Estaban bien Max y Yuki en Inglaterra? ¿Había sido un error regresar a Mónaco solo para enfrentar a Kamui y tratar de explicarle lo cansado que estaba?
—¡Te dije que no volvieras a buscarme! —gritó con voz temblorosa, luchando por mantener su postura firme contra la puerta que amenazaba con ceder.
—Y yo te dije que no me iba a ir sin lo que quiero. —El tono de Kamui se volvió más frío, más amenazante—. ¿Cuánto más vas a resistir, Sergio? Sabes que tarde o temprano siempre consigo lo que quiero.
Pérez cerró los ojos por un momento, intentando calmar el pánico que se acumulaba en su pecho. Cada palabra de Kamui era como una daga que le recordaba su situación desesperada. Pero no podía ceder. No iba a dejar que aquel hombre volviera a controlar su vida ni a dañar a Yuki. Con el poco coraje que le quedaba, empujó con más fuerza contra la puerta, intentando bloquear el avance de su agresor.
—No te lo voy a dar, Kamui —susurró con un hilo de voz, pero cargado de determinación—. No esta vez.
La batalla entre ambos seguía, no solo física, sino también emocional. Sergio sabía que su resistencia no duraría para siempre, pero por ahora, no iba a dejar que Kamui ganara.
Ya harto de todo aquello, Kobayashi empujó la puerta con fuerza suficiente para abrirla de golpe.
—Realmente me tienes cansado, Sergio. Antes me hacías las cosas tan fáciles, pero este año lo haces asquerosamente difícil. —Cerró la puerta detrás de él con un movimiento brusco, mientras su tono de voz se volvía más oscuro—. ¿Quieres llevarme al límite de mi paciencia? Porque te juro que estoy a un paso de matar a alguien...
El mexicano retrocedió instintivamente, intentando mantener la distancia. Su cuerpo estaba paralizado por el miedo, y aquellas últimas palabras resonaron como un eco aterrador en su mente. El corazón le latía con fuerza descontrolada, y cada fibra de su ser quería salir corriendo de ahí.
—¿Por qué lo quieres tanto...? —murmuró Sergio con voz temblorosa, tratando de ocultar el pánico que comenzaba a apoderarse de él—. Nunca lo quisiste, y ahora estás dispuesto a llegar a estas ideas enfermizas para obtener su custodia. ¿Por qué ahora quieres a Yuki?
Kamui avanzó hacia él de manera amenazante, sus pasos resonando pesadamente en la habitación. Sin previo aviso, lo agarró del cuello de la camisa con una brusquedad que hizo que Sergio perdiera el equilibrio. Sus ojos, fríos y llenos de furia contenida, se clavaron en los de Pérez como cuchillos.
—¿Por qué? —espetó Kamui, su tono cargado de rabia y frustración—. Porque no voy a perder todo lo que construí por el capricho de mi estúpido padre. ¿Quieres saber la verdad? Mi padre exige un heredero. Alguien que continúa con el legado. Si no lo consigo, perderé todo: el poder, mis acciones, y mi posición caerá en picada. Todo lo que tengo se irá por el caño, y no pienso permitirlo.
Hizo una pausa, su mirada fija en Sergio, como si disfrutara de ver su reacción ante lo que estaba a punto de decir.
—¿Y sabes qué? Se lo voy a dar. Ese heredero será Yuki. Me aseguraré de que él sea la pieza clave que me permita mantener mi control. No importa lo que tenga que hacer para conseguirlo.
Sergio trató de liberarse, pero el agarre de Kamui era firme y dominante.
—No pienso dejar que nada, ni nadie, interfiera con mis planes. —Kamui acercó su rostro al de Sergio, sus palabras saliendo como un susurro peligroso—. Yuki será moldeado a mi manera, y si tengo que arrancártelo de las manos, lo haré sin pensarlo dos veces.
El mexicano lo miraba con una mezcla de furia y temor, intentando reunir fuerzas para replicar, pero Kamui no había terminado.
—¿Crees que puedes protegerlo para siempre? —continuó Kamui, soltándolo de golpe y empujándolo hacia atrás—. No seas ingenuo, Sergio. Este es mi juego, y yo soy el que pone las reglas.
Pérez cayó contra la pared, respirando entrecortadamente mientras sus manos temblaban. La amenaza era clara: Kamui no se detendría ante nada ni nadie.
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¡Yuki!
FanfictionEsta historia está narrada principalmente desde el punto de vista de Yuki, mostrando el impacto que puede provocar la separación de sus padres y la inesperada aparición de dos personas en su vida que, con el paso de los días, la transformarán por co...
