Apenas subí al auto de mi abuela, el agotamiento me venció por completo, y caí en un sueño profundo. Sabía que luego tendría que disculparme porque a ella siempre le encantaba conversar mientras conducía, pero en ese momento, mi cuerpo simplemente no aguantó más.
Un murmullo suave me sacó poco a poco de mi sueño. Mis párpados pesaban, pero logré abrirlos lentamente. Lo primero que vi fue el rostro de mi abuela, su sonrisa cálida dándome la bienvenida a la realidad.
—Cielo, llegamos a casa —dijo con dulzura.
Esas palabras me despertaron de golpe. Miré por la ventana y reconocí de inmediato la casa donde había pasado toda mi vida. Un nudo se formó en mi garganta al verla. Volteé a mirarla en busca de confirmación, y ella simplemente asintió con suavidad, como si entendiera perfectamente lo que sentía.
Me bajé del auto casi de un salto y me dirigí apresuradamente hacia la puerta principal, tocando el timbre con ansiedad. Mi abuela llegó a mi lado poco después, quedándose conmigo mientras esperábamos. Escuché el sonido del seguro de la puerta girar y, sin darme cuenta, apreté los puños con tanta fuerza que sentí cómo mis uñas se clavaban en la palma de mi mano.
La puerta se abrió, y allí estaba él: mi papá.
No le di tiempo para reaccionar ni hablar. En cuanto lo vi, me abalancé hacia él y lo envolví en un abrazo desesperado, como si temiera que pudiera desvanecerse en cualquier momento. Sentí sus brazos rodearme con fuerza, protegiéndome de todo lo malo que había pasado en esos días.
—Oh, Dios, Yuki... —susurró mi papá, su voz quebrándose un poco mientras me abrazaba aún más fuerte—. No sabes cuánto te extrañé, mi vida, realmente te extrañé.
Sentí la calidez de su abrazo y no quise soltarlo. Era justo lo que necesitaba, como si todo el peso que había estado cargando comenzara a desvanecerse.
—Papá, yo no quise... —murmuré antes de romper en llanto, las palabras saliendo atropelladas entre los sollozos—. No quería irme con él, pero... me había amenazado con hacerles daño a todos ustedes, y yo... yo no quería que pasara nada malo. Perdón por dejarte, papá, a ti y a Max...
Él me sostuvo con más fuerza, como si quisiera protegerme de todo lo que me había hecho daño.
—Shh... está bien, Yuki, ya no importa eso —susurró mientras acariciaba mi cabello con ternura—. Lo único que importa es que estás en casa nuevamente.
Sentí un alivio indescriptible. Estaba en casa, finalmente. El miedo, la angustia y el dolor que había cargado durante días parecían disiparse poco a poco en ese abrazo.
Mi abuela se acercó y, después de despedirse con un beso en mi frente, habló con papá en voz baja durante unos minutos antes de marcharse. Observé cómo salía por la puerta y me quedé solo con papá en la sala. Miré a mi alrededor, el lugar familiar que me hacía sentir seguro, pero había algo que faltaba.
Hice una pequeña mueca.
—¿Y Max? —pregunté en voz baja, mirando a mi papá con curiosidad. También lo había extrañado. Necesitaba verlo, saber que todo estaba bien con él.
—Max está en el segundo piso —respondió mi papá con una sonrisa cálida mientras acariciaba mi cabello—. Creo que está hablando por teléfono con su manager. Ha estado muy preocupado por ti, Yuki.
Un nudo se formó en mi garganta al escuchar esas palabras. Extrañaba tanto a Max como a mi papá. Sin decir nada, me levanté del sofá y subí al segundo piso. Cada paso que daba parecía pesar más que el anterior, como si el nerviosismo intentara detenerme. Cuando llegué al final del pasillo, lo vi.
Max estaba de espaldas, sosteniendo su celular y hablando en voz baja. Aunque no podía escuchar lo que decía, su postura transmitía cansancio, pero también cierta determinación.
—¿Max? —llamé, mi voz apenas un susurro.
Él se giró de inmediato, sus ojos azules encontrándose con los míos. Por un momento, no dijo nada, solo me miró como si intentara confirmar que realmente estaba ahí. Terminó la llamada rápidamente y dejó el celular a un lado antes de acercarse a mí con pasos apresurados. Sin dudarlo, me envolvió en un abrazo firme.
—Yuki... Dios, estás aquí —murmuró contra mi cabello, su voz cargada de alivio y emoción.
Sentí cómo mi pecho se apretaba. Quería decir tantas cosas, pero las palabras no salían. En cambio, lo abracé con fuerza, cerrando los ojos y permitiéndome disfrutar de su calidez.
—Perdón, Max... —logré susurrar, mi voz temblorosa—. Perdón por preocuparlos tanto.
—No tienes que disculparte por nada —me interrumpió suavemente, apartándose solo lo suficiente para mirarme a los ojos—. Lo importante es que estás aquí, Yuki. Todo lo demás ya no importa.
Sus palabras, dichas con tanta sinceridad, me hicieron sentir un alivio que no había experimentado en días. Asentí, incapaz de hablar, mientras las lágrimas amenazaban con caer nuevamente.
Max me tomó de la mano y juntos bajamos al primer piso, donde mi papá nos esperaba con una sonrisa tranquila. Nos sentamos los tres en el sofá, y por primera vez en mucho tiempo, sentí que podía respirar con facilidad.
—Yuki —comenzó Max después de un rato de silencio, su tono serio pero lleno de ternura—. Queremos que sepas algo. Vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para que esto no vuelva a pasar. Tú no tienes que cargar con nada solo, ¿de acuerdo? Estamos aquí para ti, siempre.
Las lágrimas finalmente escaparon de mis ojos, pero esta vez no eran de tristeza, sino de alivio. Asentí lentamente, dejando que el calor de su apoyo me envolviera. Estaba en casa, rodeado de las personas que más me importaban, y por primera vez en mucho tiempo, sentí que las cosas realmente podían mejorar.
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todo mejora?
yo creo que no
JAJA nos vemos en el siguiente cap
gracias por el apoyooooooooo
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¡Yuki!
FanfictionEsta historia está narrada principalmente desde el punto de vista de Yuki, mostrando el impacto que puede provocar la separación de sus padres y la inesperada aparición de dos personas en su vida que, con el paso de los días, la transformarán por co...
