Sentía que en cualquier momento iba a derrumbarme por los nervios. Pierre había tenido la osadía de encerrarnos en un cubículo del baño, como si aquello fuera a obligarme a hablar sobre lo que me estaba pasando. Aunque sabía que lo hacía por preocupación, la situación me hacía sentir atrapado, como si el peso de todo lo que llevaba dentro estuviera a punto de aplastarme.
Con la cabeza gacha, evité mirarlo a los ojos. No quería que viera lo roto que estaba, no quería seguir siendo una carga ni provocar más lástima. Mi cuerpo chocó contra la fría pared del cubículo, intensificando mi sensación de pequeñez. Quería llorar, escapar, desaparecer... pero también deseaba hablar, liberar todo lo que me estaba carcomiendo por dentro. Quería abrazarlo, llorar en su hombro y escuchar que todo, de alguna manera, iba a estar bien.
—Yuki, por favor... —murmuró Pierre, acercándose a mí con pasos lentos y cautelosos, como si temiera que pudiera quebrarme con su proximidad—. Háblame. Dime qué te pasa. Sabes que puedes confiar en mí. No sigas escapándote, te lo ruego.
Mis labios temblaron. Quería responder, quería explicarle, pero las palabras se atoraban en mi garganta. Sentí cómo su mano se deslizaba sobre la mía, entrelazando nuestros dedos con una calidez que me hizo alzar la mirada, aunque fuera solo un poco. Encontré sus ojos azules fijos en mí, cargados de tristeza, y un nudo se formó en mi estómago. ¿Era yo el culpable de esa tristeza?
—Lo siento... —susurré con la voz quebrada, volviendo a bajar la mirada—. No quise hacer esto. No quise romper el corazón de papá. Yo... no quería irme con él. No quería...
Un sollozo escapó de mis labios, y en ese instante, todo el llanto contenido durante horas salió como un torrente imparable. Apreté la mano de Pierre con fuerza, buscando un ancla en medio de mi desmoronamiento.
—Solo tengo miedo. Él puede hacer algo. Puede hacerles daño, y no quiero eso. No podría soportarlo. Por eso acepté irme con él... No quería que estuvieran tristes, pero...
Mi voz quedó ahogada en un jadeo de sorpresa. Todo pensamiento, toda emoción de culpa y angustia desapareció cuando sentí los labios de Pierre sobre los míos. El tacto fue cálido, suave, desprovisto de cualquier urgencia. No era un beso desesperado ni apasionado, sino una caricia pensada para calmarme, para llevarme a un lugar seguro lejos del caos en mi cabeza.
Cuando se separó, mi rostro ardía, y lo único que podía hacer era mirarlo con incredulidad. Pierre, por su parte, parecía igual de avergonzado, pasando nerviosamente una mano por su cabello mientras buscaba las palabras adecuadas.
—Lo siento. Yo... —tartamudeó, evitando mirarme directamente—. No era mi intención hacerlo así. Bueno, sí... pero no ahora. Quería que fuera en otro momento, cuando todo estuviera resuelto. Pero... necesitaba que dejaras de pensar en esas cosas, aunque fuera solo por un instante.
El calor en mi rostro se intensificó, y por primera vez en días, sentí que algo dentro de mí se aliviaba
—Yuki, realmente estoy aquí para ti —susurró Pierre, con una ternura que hizo que mi corazón se encogiera. Su mano se movió hacia mi rostro, apartando con delicadeza unos mechones de cabello que caían desordenados sobre mi frente—. Quiero ser tu lugar de paz, aunque sea aquí, en el colegio. Sé que no hiciste nada con malas intenciones, pero ¿por qué dejaste tu felicidad de lado? Todos nosotros podríamos haber buscado una solución. No tenías que enfrentar esto solo.
Sus palabras me golpearon con fuerza, trayendo consigo una mezcla de vergüenza y tristeza. Tenía razón. Desde el primer momento en que Kamui había comenzado a amenazarme, podría haber pedido ayuda. Podría haber hablado con Max, con Checo, con Pierre… con alguien. Pero en mi mente, parecía mi responsabilidad cargar con todo. Sentía que, de algún modo, les había arruinado la vida a quienes más amaba.
ESTÁS LEYENDO
¡Yuki!
FanfictionEsta historia está narrada principalmente desde el punto de vista de Yuki, mostrando el impacto que puede provocar la separación de sus padres y la inesperada aparición de dos personas en su vida que, con el paso de los días, la transformarán por co...
