—Vamos, amor, come un poco más, por favor... —Intenté una vez más, acercándole el tenedor con un pedazo de carne. Pero Sergio, como en la última semana, apartó el tenedor sin siquiera mirarme.
Frustrado, dejé el utensilio sobre el plato y suspiré. Desde que Yuki se había ido de casa, Sergio no era el mismo. Su ánimo había caído en picada, y junto con él, su rutina. Había dejado de ir al trabajo, apenas salía de casa y comer parecía haberse convertido en algo irrelevante para él. Lo miré, tratando de encontrar en su rostro alguna señal de mejora, pero todo lo que vi fue agotamiento y tristeza.
Estaba preocupado, tanto por él como por Yuki. Había ido cinco veces al colegio del menor con la esperanza de verlo y convencerlo de regresar, pero nunca había tenido éxito. La única vez que lo había alcanzado a divisar, Yuki corrió rápidamente hacia el auto de Kamui. Aquella escena seguía atormentándome. Mi mandíbula se tensó y, sin darme cuenta, solté un gruñido al recordar ese día. Tuve que contenerme con todas mis fuerzas para no bajarme del auto y enfrentar a Kamui. Pero sabía que montar un escándalo solo complicaría las cosas.
—Me iré a dormir... —escuché el murmullo apagado de Sergio mientras se levantaba para guardar el plato casi intacto en el refrigerador.
Me levanté rápidamente para acercarme a él y detenerlo antes de que se escapara de la conversación.
—Max... —intentó decir, pero no le di oportunidad.
—No, amor, nada de Max. Escúchame. Sé que te duele. Sé que extrañas a Yuki con toda tu alma, pero no puedes seguir descuidándote así. —Mi tono era suave pero firme, mientras mis manos descendían hasta su cintura, manteniéndolo cerca para que no se apartara—. A Yuki no le gustaría verte así. Prometimos buscar una solución juntos, pero no vamos a poder hacer nada si sigues hundiéndote.
Lo vi bajar la mirada, sus hombros ligeramente temblorosos, y supe que mis palabras habían tocado algo dentro de él. No podía dejarlo enfrentar esto solo; Sergio me necesitaba fuerte, tanto como Yuki nos necesitaba a los dos.
Sergio no respondió al instante. Sus ojos permanecieron fijos en el suelo, y aunque su cuerpo parecía rígido, noté cómo sus manos se apretaban en un intento de contener algo: frustración, tristeza, quizá ambas. Suspiré suavemente, liberando mi agarre para darle espacio, aunque no me moví ni un paso.
—Max... no sé qué hacer. —Su voz salió en un murmullo quebrado, y el sonido fue suficiente para que mi pecho doliera. Sergio era siempre fuerte, siempre decidido, pero ahora parecía un hombre roto, alguien completamente perdido—. Lo intenté todo, ¿sabes? Fui al colegio, hablé con sus profesores, incluso llamé a abogados para ver si hay algo que pueda hacer... pero nada. No puedo traerlo de vuelta. Kamui se aseguró de cubrir todos los ángulos legales.
coloqué mi mano sobre su hombro, apretándolo ligeramente para transmitirle apoyo.
—Amor, no podemos rendirnos. A Kamui le encanta el control, pero no tiene todo el poder del mundo. Vamos a encontrar una forma de solucionar esto, te lo prometo.
Él soltó un leve resoplido y alzó la vista hacia mí, sus ojos reflejando la mezcla de esperanza y escepticismo que lo invadía.
—¿Y si Yuki ya no quiere regresar? —preguntó en un susurro, como si las palabras dolieran demasiado al decirlas.
Negué con la cabeza de inmediato.
—Eso no es verdad. —Mi voz sonó firme, aunque suave—. Yuki te ama, Sergio. Lo sé. Solo está atrapado en algo que no puede controlar. Lo he visto... esa última vez en el colegio, cuando salió corriendo hacia el auto de Kamui. No lo hizo porque quisiera irse, lo hizo porque estaba asustado. Y si está asustado, significa que nos necesita.
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¡Yuki!
FanfictionEsta historia está narrada principalmente desde el punto de vista de Yuki, mostrando el impacto que puede provocar la separación de sus padres y la inesperada aparición de dos personas en su vida que, con el paso de los días, la transformarán por co...
