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Estaba tumbado sobre la cama del hotel, mirando el techo. El cansancio me pesaba en el cuerpo y el alma. Extrañaba a papá Checo, pero él no respondía ninguno de mis mensajes, lo que solo aumentaba mi preocupación. La sensación de abandono se apoderaba de mí poco a poco.

Escuché cómo la puerta de la habitación se abría. Sabía que debía ser Max, porque compartíamos el cuarto. No le di mucha importancia y seguí perdido en mis pensamientos. Sin embargo, el colchón de la cama se hundió un poco más de lo habitual, lo que me hizo levantar la vista. Pero en lugar de encontrarme con los ojos familiares de Max, me topé con los de Daniel.

—¡Hola, Yuki! —saludó con su tono habitual, alegre y relajado, acompañando sus palabras con una sonrisa amplia y un gesto con la mano.

—Hola... —respondí en un murmullo, volviendo a recostarme sin demasiado interés.

—¿Todo bien? Estás más serio de lo normal —comentó mientras se acomodaba en el borde de la cama, mirándome con cierta preocupación. Sus palabras, aunque ligeras, tenían un trasfondo genuino que no esperaba.

Giré la cabeza hacia él, observándolo unos segundos antes de responder. Su presencia me desconcertaba, pero al mismo tiempo me daba una extraña sensación de alivio.

—Sabes que puedes contarme lo que sea, sin presión —añadió con un tono más suave, casi fraternal.

Permanecí en silencio por unos momentos, buscando las palabras adecuadas. Finalmente, me incorporé lentamente hasta quedar sentado frente a él, intentando encontrar algo de comodidad en la situación.

—Solo... fue un mal día. En todos los sentidos —confesé, mi voz más baja de lo habitual.

Daniel me observó con atención, pero sin apurarme. Su mirada decía que estaba dispuesto a escuchar.

—Primero, tu papá se acercó a hablarme mientras estaban en clasificación... —murmuré, bajando la cabeza y comenzando a jugar nerviosamente con el borde de mi camiseta—. Dijo que era una molestia, que desconcentraba a Max estando aquí.

Daniel me escuchaba atentamente, con el ceño ligeramente fruncido. Sentí la necesidad de continuar antes de que pudiera decir algo.

—Luego fue Liam... —mi voz tembló un poco, pero continué—. Me besó. De una forma que realmente prefiero no recordar... Me sentí muy incómodo, como si no tuviera opción.

Hice una pausa, tragando saliva.

—Y ahora mi papá no me responde los mensajes. Eso me preocupa... No sé qué está pasando con él, y siento que todo se está acumulando.

Cuando alcé la vista, Ricciardo me miraba sorprendido, su expresión pasando rápidamente de la sorpresa a una mezcla de molestia y determinación. Se llevó una mano al cuello, soltando un suspiro antes de hablar.

—Sabía que Liam no era un buen tipo, pero nunca pensé que llegara a hacer algo así. —Hizo una pausa, mirándome con seriedad—. Besarte de una forma que te incomode es cruzar un límite, Yuki. Eso no está bien, y no tienes que tolerarlo.

Su voz era firme, pero tranquila. Luego, cambió el tema, inclinándose un poco hacia mí.

—Y sobre lo otro... hablaré con Jos. No me importa lo intimidante que pueda parecer; no le tengo miedo como Max, así que puedo encargarme de él sin problema.

Sus palabras me hicieron sentir un poco más tranquilo, pero no del todo. Él pareció notarlo, porque continuó con un tono más suave.

—No te preocupes por tu papá, ¿de acuerdo? Mi hermano me mencionó que estaba resolviendo algunos problemas con su trabajo, así que probablemente esté ocupado. Dale un poco de tiempo, Yuki. Todo estará bien.

¡Yuki!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora