Louis se recuesta en su silla, observando cómo Troye firma su nombre en la última página del acuerdo. El sonido de la pluma rasgando el papel llena la habitación, acompañado por la respiración superficial de Troye. Cuando el omega finalmente deja la pluma, se queda mirando el documento por un momento antes de encontrar la mirada de Louis.
—¿Entonces, esto es todo? —pregunta Troye con voz vacilante.
—Lo es, —responde Louis, apilando los papeles cuidadosamente—. Es oficial. Verás a Andy el próximo fin de semana. Sábado, a las diez en punto. Cumple con el horario; sin excepciones, sin excusas.
Troye asiente, su rostro se ilumina con una sonrisa tenue, casi tímida. —Eso es... perfecto. Gracias, Louis. De verdad. Sé que no lo merezco, pero-
—Tienes razón, no lo mereces, —lo interrumpe Louis, su voz afilada pero no cruel—. Esto no se trata de ti, Troye. Se trata de Andy. Tienes esta oportunidad porque estoy eligiendo creer en lo que es mejor para él. No me hagas arrepentirme.
—No lo haré, —promete Troye rápidamente, con las manos entrelazadas frente a él—. Lo juro. Y sobre las llamadas; serán cortas, ligeras. Solo para darle las buenas noches y desearle dulces sueños.
Louis asiente, su expresión se suaviza un poco. —Bien. Pero recuerda, estás caminando sobre hielo delgado. Si lo alteras o me das una sola razón para pensar que esto no está funcionando-
—Lo entiendo, —dice Troye con firmeza—. Haré todo bien, Louis. Tienes mi palabra.
Louis lo mira con intensidad, pero hay un pequeño gesto de aceptación en su mirada. —Bien. Cuídate, Troye. Haz toda tu terapia y toma tus medicamentos, sabes que yo me encargo de ello. Y no arruines esto.
La sonrisa de Troye es breve pero genuina. —No lo haré. Nos vemos el próximo fin de semana.
Se da la vuelta y sale, sus pasos resonando suavemente mientras la puerta se cierra detrás de él.
Louis exhala lentamente, pasándose una mano por el cabello. Su oficina se siente tranquila ahora, casi demasiado tranquila, pero la tensión de la conversación aún persiste. Solo pasa un momento antes de que la puerta se abra de nuevo, esta vez revelando a Zayn.
Zayn entra, sus ojos agudos escanean el rostro de Louis antes de acomodarse en la silla frente a él.
—Entonces, —dice, cruzando los brazos, —¿cómo fue todo?
—Ya está hecho, —responde Louis, recostándose en su silla—. Firmó todo, aceptó todos los términos. Le dije que verá a Andy el próximo fin de semana. Hasta ahora, sin drama de por medio.
Zayn silba bajo. —Honestamente, estoy impresionado. Por todo lo que me contaste antes de Troye, pensé que arruinaría esto, o al menos pondría objeciones. Pero bueno, hay que reconocerlo cuando se lo merece.
Louis esboza una ligera sonrisa. —Sabe que esta es su única oportunidad. No es tan tonto como para desperdiciarla. Aun así... —Se detiene, su mirada se pierde por un momento—. Esto no se trata de él. Andy lo manejó todo tan bien. Mi pequeño... —Niega con la cabeza, un atisbo de orgullo asomándose en su voz—. Es algo más que increíble. La forma en que enfrentó todo esto... no podía creerlo.
Zayn se inclina hacia adelante, apoyando los codos sobre las rodillas.
—Andy ha crecido mucho. Se nota. Vaya, considerando cómo solía ser: tan cerrado, portándose mal... es casi como magia. O, no sé, como si algún milagro se hubiera obrado.
Louis se ríe entre dientes, las comisuras de su boca se curvan en una sonrisa que suaviza todo su rostro.
—No es magia ni milagros. Es Harry.
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Kiwi // L.S
RomanceHarry es un lindo omega y dueño de una guardería, él vive intentando compensar el dolor de su corazón entregando su vida al cuidado de pequeños cachorros. ¿Un omega defectuoso? No puede más que soñar con la idea de una vida feliz. Pero Louis es un...
