El departamento de Louis está envuelto en un silencio reconfortante, el tipo de calma que llega tras un día largo y satisfactorio. Harry se mueve con cuidado, cargando a Andy mientras lo lleva a su cama. Los pequeños brazos del cachorro cuelgan flojamente alrededor del cuello de Harry, su respiración es suave y uniforme, aunque se mueve ligeramente cuando Harry lo acuesta.
Con manos cuidadosas, Harry sube la manta de Winnie Pooh de Andy hasta su barbilla, arropándolo bien. Alcanza el oso amarillo de peluche favorito de Andy y lo coloca en sus brazos. Los ojos de Andy se abren lentamente, nublados por el sueño pero iluminados de felicidad.
—¿Sabes qué, mami? —dice en un suave susurro—. Me sorprendí cuando mi mami de pancita llamó, ¡pero estoy feliz porque va a decirme dulces sueños todas las noches!
El corazón de Harry se llena de calidez.
—¿De verdad? Eso es hermoso, cariño. ¿Te gustó escuchar su voz?
Andy asiente, una pequeña sonrisa estirándose en su rostro.
—Me dijo que tuviera dulces sueños y me mandó abrazos y muchos besos. —Hace una pausa, abrazando su oso con más fuerza—. No puedo creer que ahora tengo dos mamis. Se siente como un sueño.
Harry suelta una suave risa, apartando un mechón de cabello de la frente de Andy.
—No es un sueño, amor. Eso les pasa a los cachorros buenos como tú, su vida se llena de cosas dulces y maravillosas porque las merecen.
El rostro de Andy se sonroja, y se retuerce bajo las cobijas, algo avergonzado por el cumplido. —¿De verdad lo crees, mami?
—Por supuesto que sí —responde Harry con firmeza, presionando un beso en la mejilla regordeta de Andy—. Ahora cierra esos hermosos ojitos azules y descansa. Dulces sueños, mi bebé.
La voz de Andy apenas es un susurro cuando responde: —¿Prometes que tú me despertarás en la mañana, mami?
Harry sonríe, pasando los dedos por el cabello de Andy. —Lo prometo. Estaré aquí cuando te despiertes.
El satisfecho murmullo de Andy es el último sonido antes de que su respiración vuelva a hacerse uniforme, volviendo a un sueño tranquilo. Harry se queda un momento, observándolo con el corazón lleno de amor antes de salir silenciosamente de la habitación.
Louis ya está en su dormitorio cuando Harry entra, recostado contra el cabecero con su improvisado pijama de siempre: solo unos bóxers y una camiseta grande. La imagen de él tan relajado provoca un suave aleteo cálido en el pecho de Harry.
Louis levanta la mirada y sonríe, sus ojos iluminándose cuando Harry se acerca. Lo saluda con un beso, sus labios cálidos y suaves contra los del omega.
—¿Cómo está Andy?
—Todo arropado y cómodo —responde Harry, con las mejillas ligeramente rosadas por el beso.
La sonrisa de Louis se ensancha.
—Gracias, amor. —Extiende la mano, rozando los dedos por el brazo de Harry—. Ve y cámbiate. Dejé algunas cosas nuevas en el baño para ti: ropa, productos para el cuidado de la piel. Tómate tu tiempo.
Harry parpadea, sorprendido. —Louis, ¿de nuevo compraste cosas? no tenías que-
Louis lo interrumpe con otro beso, este más prolongado. —Quería hacerlo. Ahora ve —murmura, su voz baja y persuasiva.
Harry siente una calidez extendiéndose por todo su cuerpo mientras se dirige al baño. Dentro, encuentra un conjunto de objetos perfectamente arreglados: un camisón suave y fluido, una variedad de productos para skincare y otros detalles pensados que hacen que su pecho se apriete de emoción.
ESTÁS LEYENDO
Kiwi // L.S
DragosteHarry es un lindo omega y dueño de una guardería, él vive intentando compensar el dolor de su corazón entregando su vida al cuidado de pequeños cachorros. ¿Un omega defectuoso? No puede más que soñar con la idea de una vida feliz. Pero Louis es un...
