Louis sostiene a Harry con fuerza, murmurando palabras reconfortantes en sus rizos, su corazón latiendo constante y fuerte bajo el oído de Harry. Por primera vez, Harry siente que puede respirar, aunque cada respiración es temblorosa y superficial.
—Amor —susurra Louis suavemente, deslizando su pulgar a lo largo de la nuca de Harry—. Creo que deberías descansar un poco. Estás agotado. —Inclina la cabeza hacia abajo para mirar a Harry, sus ojos llenos de una ternura preocupada—. Déjame traerte algo de beber. Un té o...
—No —lo interrumpe Harry, su voz ronca pero decidida. No se mueve de donde está acurrucado contra el pecho de Louis, sus brazos todavía envueltos con fuerza alrededor de su torso—. No, necesito decírtelo ahora.
—Cariño...
—Tengo que hacerlo, Louis —suplica Harry, su voz quebrándose ligeramente mientras lo mira. Su rostro sigue sonrojado y marcado por lágrimas, pero hay fuego en sus ojos, una desesperación por soltarlo todo—. Si no te lo digo ahora, no voy a poder. No puedo volver a tragarme esto. No puedo dejar que me consuma por completo.
Louis traga con dificultad, sus brazos apretándose alrededor de Harry como si intentara protegerlo del pasado mismo.
—Está bien —murmura después de un momento, asintiendo con solemnidad—. Está bien, amor. Estoy aquí. Te escucho.
Se acomoda con cuidado para que ambos estén apoyados contra las almohadas, colocando a Harry en su regazo y sosteniéndolo cerca. Harry se derrite en el abrazo, descansando su cabeza contra el hombro de Louis mientras este envuelve una manta alrededor de los dos. El alfa frota círculos lentos en la espalda de Harry, envolviéndolo con su calmante aroma a canela.
Harry cierra los ojos, inhalando profundamente, tratando de calmar su corazón y encontrar la fuerza para abrir heridas viejas.
—Mi ex alfa... se llama Robert. —Su voz sale como un susurro, y siente que el cuerpo de Louis se tensa bajo él al escuchar el nombre.
Louis se pone más rígido, su mano deteniéndose momentáneamente contra la espalda de Harry antes de comenzar de nuevo, como si silenciosamente lo animara a continuar.
—Lo conocí cuando tenía diecinueve años —continúa Harry, su voz temblando ligeramente—. Era mi primer año en la universidad. Acababa de mudarme a Londres, y todavía estaba descubriendo cómo hacer todo: cómo vivir en una ciudad grande, cómo hacer amigos, cómo... estar solo. —Toma una respiración temblorosa, sus dedos retorciendo la tela de la sudadera de Louis—. Era tan joven e ingenuo.
Las palabras comienzan a llevarlo de vuelta, el recuerdo invadiéndolo como una marea.
Es una noche de domingo, y el frío invernal de Londres atraviesa el abrigo de Harry mientras mira con desesperación el viejo coche de su madre. Está estacionado torpemente en un costado de una avenida débilmente iluminada, con el capó abierto y el motor negándose a encender sin importar cuántas veces lo intente. Sus compras están en el asiento del pasajero, la condensación del helado derritiéndose y empapando la bolsa.
El coche había sido el orgullo y la alegría de su madre antes de pasárselo a él. Es viejo pero confiable, o al menos lo era, hasta ahora. Harry toma su teléfono del tablero y llama a Niall, quien contesta casi al instante.
—¿Tuviste suerte? —pregunta Niall, con un toque de preocupación en la voz.
—No —suspira Harry—. Simplemente no quiere arrancar. He intentado todo lo que se me ocurre, pero no sé lo que estoy haciendo.
Niall hace un sonido pensativo.
—Escucha, bonito. Déjalo ahí por esta noche, ¿sí? Toma un taxi a casa, y lo resolveremos a primera hora de la mañana. Te ayudaré a encontrar un mecánico.
ESTÁS LEYENDO
Kiwi // L.S
RomanceHarry es un lindo omega y dueño de una guardería, él vive intentando compensar el dolor de su corazón entregando su vida al cuidado de pequeños cachorros. ¿Un omega defectuoso? No puede más que soñar con la idea de una vida feliz. Pero Louis es un...
