Lo Tuyo es Mío.

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Kat se despertó con una sensación de tristeza al darse cuenta de que Carl no estaba a su lado. Pero su tristeza se desvaneció al ver la nota que Carl había dejado en la cama junto a una carta.

"Léela en un buen momento, por cierto te vez hermosa durmiendo"

Sonrió al leer las palabras de Carl, sintiendo un calor en su corazón.

Se levantó y se vistió con la ropa que había dejado en la habitación. Justo cuando estaba a punto de salir, escuchó un golpe en la puerta. Fue a abrir y se sorprendió al ver a Maggie ahí, con una expresión seria en su rostro.

—Toma, necesitarás esto —dijo Maggie, entregándole un cepillo de dientes y ropa para bañarse de manera brusca.

Kat se sintió un poco sorprendida por la actitud de Maggie, pero no dijo nada. Simplemente tomó los objetos y se los agradeció con un gesto.

Maggie se dio la vuelta y se fue sin decir nada más. Kat se quedó sola en la habitación, sintiendo una mezcla de emociones. Decidió no leer la carta que Carl había dejado y se dirigió al baño para bañarse.

Después de bañarse, Kat se vistió con la ropa que Maggie le había traído. Pero en lugar de ponerse la camiseta que venía con el conjunto, decidió ponerse la playera que Carl había dejado en la cama. La playera era grande y holgada, lo que hacía que su vestimenta se viera más floja y relajada.

Cuando salió de la habitación, y de la casa Kat vio a Carl y Enid platicando,  sintió un poco mal al verlos juntos, pero no dijo nada. Simplemente los miró y se quedó allí, sin acercarse.

Kat se acercó a Daryl y el grupo, que estaban reunidos alrededor de los autos, armados y listos para partir. Los autos estaban equipados con láminas de metal en los costados, lo que parecía ser una medida de protección adicional.

—¿Para qué es esto? —preguntó Kat, curiosa, señalando las láminas de metal.

Daryl se volvió hacia ella, su expresión seria.

—Iremos al Santuario —respondió Daryl, su voz firme.

—No deberíais ir —dijo Kat, intentando convencer a Daryl y al grupo. —Es demasiado peligroso.

Daryl se encogió de hombros.

—Debemos ir —dijo Daryl. —Tenemos que detener a Negan y a los Salvadores.

Kat se sintió un poco desesperada. No quería que Daryl y el grupo se pusieran en peligro, y sabía que ir al Santuario significaba arriesgar sus vidas.

—Entonces, llevame—dijo Kat, decidida. —Quiero ayudar.

Pero antes de que Daryl pudiera responder, Rick intervino.

—No, Kat —dijo Rick, su voz firme. —No puedes ir con nosotros. Es demasiado peligroso, tú más que nadie debes saberlo.

Kat se sintió frustrada, pero sabía que Rick tenía razón. No quería que se preocuparan por ella, y sabía que su presencia en la misión podría ponerlos en peligro.

—Por favor, no maten a Negan —dijo Kat, su voz suplicante. —No quiero que lo maten.

Daryl y Rick se miraron, y luego volvieron hacia Kat.

—No podemos prometerte eso, Kat —dijo Daryl, su voz seria. —Negan es un peligro, y debemos detenerlo.

Kat se sintió un poco triste, pero sabía que Daryl y Rick tenían razón. Negan era un peligro, y debía ser detenido. Pero esperaba que pudiesen encontrar una manera de hacerlo sin tener que matarlo.

𝑯𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒆𝒍 𝑭𝒊𝒏 | ℭ𝔞𝔯𝔩 𝔊𝔯𝔦𝔪𝔢𝔰Donde viven las historias. Descúbrelo ahora