2.7 Alma negra

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Alex Hamilton

Tomo mis llaves y salgo de la mansión directo a la comisaría a ver a mi madrastra. Ordenandole a mis guardias que nadie me siga y así enfrento de una vez a ese detective. Dos pájaros de un solo tiro. No sé cómo Berli pudo reunicirce con el a mis espaldas, y más en su estado. Ah pero Tara también me va a escuchar, siempre cubriendola.

Habíamos pactado que resolveríamos todo juntos. Es que joder, me hierve la sangre al pensar que me puede estar ocultando algo que la ponga en peligro. Y es tan terca e infantil que se niega a hablar conmigo cuando ella también me debe explicaciones.

Técnicamente lo mío es un malentendido.

Estoy enfrascado en mi enojo que tardo en darme cuenta que me esta siguiendo una camioneta. Piso el acelerador sin perder la vista al espejo retrovisor y el control del auto y marco en el manos libres a mi jefe de seguridad.

- Señor- responde al tercer tono.

- A dos manzanas camioneta Toyota negra siguiéndome los pasos sin matrícula.

- Entendido conecte su ubicación directamente, ya salen los refuerzos.

Hago lo que dice inmediatamente y me desvío tomando la autopista donde hay más carros de manera que pueda perderla. Pero sea quien sea no está dispuesto a ponermela fácil ya que acelera también.

Solo espero que mis hombres puedan llegar rápido y atrapemos a estos hijos de perra.

Mientras solo me queda conducir como un toreto, con el corazón a mil.

Todo se dificulta cuando hay un tranque de carros debido algún accidente.

- Ahora no, no- golpeó el volante furioso cuando me detengo y a dos carros justo detras de mi la camioneta.

Sacó el arma que guardo en la guantera y no espero mucho para abrir y correr.

Suena un disparo en el aire, las bocinas de los carros, el grito de las personas. Se desata el caos y yo solo pido poder volver a Berli. Por lo que corro como si se me fuera la vida. No sé ni en qué dirección, solo corro y corro.

Berlín Hamilton

- Señora no debe estar encerrada todo el día, es malo para su embarazo, debe comer, eso solo le hace mal a usted y a el bebé - intenta razonar conmigo el mayordomo el cual me trajo a mi habitación una variedad de platos.

Pero ahora mismo no sé si llorar, reír, tener hambre. Golpear a Alex por esas fotos. Pedirle explicaciones.

Definitivamente las hormonas ya me están empezando a hacer daño.

Una parte de mí la sensata me pide que confíe en mi hombre, después de todo la prensa es como unas malditas hienas en busca de carne. Y cualquier cosita la vuelven algo grande que no es.

La otra parte es las inseguridades, según internet un porciento de hombres buscan otras mujeres cuando su mujer está embarazada.

No tiene que ser el caso de Alex no?

El nunca me haría eso, el me ama.

El me lo ha demostrado, al menos debería escucharlo.

- Sabes que, no tengo hambre, quiero ver a mi esposo- hablo decidida cerrando mi bata para ir a buscar a Alex pero el mayordomo me detiene.

- El señor salió hace unos minutos.

- ¿Sabes a dónde fue?

Niega con la cabeza y suspiro rendida.

Aunque recuerdo que justo hoy hablaría con su madrastra. Tal vez sea buena idea llamar a Bil.

Eso hago cuando el mayordomo me deja sola.

- Hola Bil que tal estás - saludos cuando me contesta.

- Mucho trabajo pero bien, ya sabes atrapando criminales. ¿Por cierto sabes si tú esposo vendrá?

- Ni idea, pensé que ya estaría ahí, salió ya hace treinta minutos de la mansión.-

Debo interrumpir la llamada al escuchar un caos en la mansión de guardias movilizandose.

- Después te llamo Bil- cuelgo después que el se despide y cierro mi bata bajando dirigiendome hacia las escaleras.

Cuando alguien me empuja y termino rodando desde el segundo piso, sin poder detener la caída, ya que se me resbala la baranda por lo cual trato de cubrir mi vientre sin importar que mi cabeza se golpee, pero lo último que veo es sangre, de mi cabeza y entre mis piernas.

Estoy tendida en mi propia sangre y justo en la inconsciencia como si fuera una pesadilla del pasado con el presente, la cara sonriente de Ashley demostrandome que las personas como ella nunca cambian.

No importa cuántas oportunidades termines dándoles.
Cuando el alma es negra así se queda.




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