EXTRA: Joseph (pt.3)

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El joven con el carrito de hot-dog abollado, ya estaba instalado en la esquina de una avenida concurrida y pese a que muchos pasaban de largo, él no perdía el entusiasmo y anunciaba sus productos con gran carisma.

—Deme dos hot-dogs con todo.

—En seguida —El joven fue rápido en hacer su preparación y brindar una buena atención.

No muy lejos, sentado en la acera se mantenía Joseph, sin querer estaba mirando demás al joven que era diestro al momento de preparar los hot-dogs, obviamente llevaba tiempo haciendolo, pues no le temía a algunas miradas burlescas de jóvenes que veían al chico trabajador.

—Hey, ¿Por cuánto me seguirás mirando como si tuviera monos en la cara? —Se molestó el joven de delantal cuando tuvo tiempo libre.

—¿Eh? Ah, si lo siento... —Joseph levantó su teléfono celular en alto. —, averigué dónde venden carritos y si tienes tiempo después, puedo llevarte para que elijas el que quieras.

El joven se acercó mientras se quitaba los guantes y sin previo aviso, le dió un bofeton con el látex.

—Nadie te pidió que compraras nada, yo solo quiero que repares el mío —Le dejó en claro aun serio.

—Pero tú... —Joseph sobaba su rostro atacado.

—Jessel... ese es mi nombre.

—Bien, Jessel —Joseph casi saboreó ese nombre que le sentaba tan bien al chico de rostro suave. —¿Hay algún motivo para tanto orgullo?

—No es orgullo, es solo que ese carrito es herencia de mi familia. ¡Agh-olvídalo!

Joseph no notó el valor sentimental que tenía el carrito, pero quería remediarlo, era lo menos que podía hacer por el chico. Fue paciente y esperó hasta que Jessel terminó su horario hasta poco más de media noche. Su rostro agotado era claro, pero no perdía el ánimo en recogerlo todo y guardar lo sobrante, tambien le extendió un hot-dog al hombre de traje.

—Gracias. Eh... conozco un lugar donde podrían reparar tu carrito a la brevedad, veo que no puedes prescindir de ello —Expuso Joseph mientras comía el delicioso hot-dog.

—Bien, realmente necesito que esté listo lo antes posible —Aceptó Jessel.

Cuando llegaron al sitio, Joseph golpeó una bodega cerrada en un sector alejado del centro, para Jessel nada confiable pero su acompañante parecía relajado.

Pronto un hombre de barba, con solo el pantalon puesto y una cerveza en mano, miró desconfiado a los visitantes nocturnos, y reconoció a Joseph.

—¿Qué quieres J.? —Le preguntó de mal genio.

—¿No le dijiste? —Jessel se molestó tambien por ser engañado.

Joseph mantuvo su serenidad, incluso cuando empujó al sujeto y se internó al gran taller de aspecto sucio.

—Ten cuidado en cómo hablas, Paul.

El hombre de estómago hinchado guardó para sí lo que realmente pensaba y no se quejó por ser molestado tan tarde.

—Afuera hay un carrito de hot-dog que atropellé sin querer y lo que necesito es que lo dejes como nuevo, para mañana ¿Entiendes? —Le ordenó al mecánico soldador.

—¿Quieres que repare un carrito? —Paul pensó que era una broma, pues la organización que supervisaba Joseph lo buscaba cuando necesitaban reparar sus carros, para crear artefactos explosivos o incluso esconder mercancía cuando la policía les pisaba los talones.

—Sí, eso hombre, me encargaré de los gastos —Continuó Joseph.

Jessel se había adelantado y metió al taller el carrito que tenía un buen magullón. La mirada de Paul fue nuevamente a Joseph en extrañeza, él nisiquiera había reparado uno así antes, pero con Joseph no se bromeaba eso lo sabía y realmente no quería líos con Wolf.

10:45Donde viven las historias. Descúbrelo ahora