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Pd: aplica para todo tipo de pantallas.
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Año de estreno: 2006 Duración: 100 Minutos Reseña escrita por Lobodpeluche
Siempre me pareció divertido pensar que, en el mundo de los fandoms, cada cual tiene su utopía. Si le preguntas a un fan de Star Wars o Star Trek, te sabrá describir con todo lujo de detalles la clase de producto que le encantaría recibir, pero también te explicará por qué es literalmente imposible recibirlo. Igual que los fans de Pokemon fantasean con un MMORPG desde hace décadas, o en Doctor Who llevan pidiendo una precuela sobre la guerra del tiempo en la que salga Paul McGann casi desde los inicios de la versión moderna.
Para los fans de Philip K. Dick esta utopía fue, durante años, una adaptación fiel de cualquiera de sus novelas. Y es que, antes de que salieran apuestas como Radio Libre Albemuth o la película que ahora nos ocupa, todo el cine basado en su obra acostumbraba a tomarse innumerables... libertades creativas. La más fiel había sido Blade Runner, que si bien llegaba a mantener bastantes escenas y conceptos de Sueñan los androides... cualquier persona familiarizada con ambas historias sabe que no tienen demasiado que ver fuera de lo superficial. Más allá de eso, cuando una cinta de anunciaba con el manido basado en un relato de Philip K. Dick todos sabíamos lo que en realidad significaba: que un señor guionista de Hollywood había agarrado la premisa básica e inventado con eso una historia completamente diferente. Tal fue el caso de proyectos como Minority Report, Paycheck. Next... cintas que podían estar mejor o peor, pero en las que quedaba muy poco del loco de Berkeley. Y es que, ¿podíamos culparlos, siendo Dick tan difícil de digerir por los profanos?
A scanner darkly fue el primer intento relevante de romper eso; con sus acomodaciones para que la experiencia sobreviva al cambio de formato, la novela de Dick se sigue reconociendo a lo largo de todo el metraje.
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En un futuro distópico marcado por la creciente vigilancia estatal y una epidemia de adicción a las drogas, la sociedad se tambalea. La historia sigue Keanu Reeves en el papel deBob Arctor, un agente encubierto que trabaja para una agencia gubernamental dedicada a combatir el uso de la misteriosa Sustancia D, una droga extremadamente adictiva que destruye la mente de quien la usa. Termina por infiltrarse en un grupo de adictos con los que establece amistad; interpretados por Robert Downey Jr., Woody Harrelson yWinona Ryder respectivamente. Para encajar con sus nuevos compañeros, atrapados en el tráfico de estupefacientes, se verá obligado a consumir él también.
A medida que Arctor se sumerge más en su doble vida, comienza a perder el control de su percepción, su identidad y su misión. La Sustancia D afecta su mente, difuminando la línea entre su deber como agente y su existencia como consumidor, y minimizando cada vez más su contacto con la realidad. Incluso llega a descubrir que los están investigando, pero se olvida de que lo hace él mismo.
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Quien solo conozca al Dick más metafísico, el argumento quizá le pueda parecer extraño, pero es de recibo señalar que el propio autor fue conocido por sus indiscriminados escarceos con... sustancias de dudosa legalidad a lo largo de los años sesenta. Recordemos, el momento de máximo esplendor de la cultura hippie. Llegó a decir, y parafraseo, que todos sus amigos de esa época murieron o terminaron internados en instituciones de salud mental. Por tanto, la novela es, antes que cualquier otra cosa, una autobiografía de la muerte lenta. Se suceden escenas que están sacadas directamente de momentos que ocurrieron de verdad, como la confusión del grupo con la bicicleta, mezcladas con Ciencia Ficción distópica y ese juego con la percepción de la realidad tan característico del autor. No es una simple historia de agentes infiltrados, sino un viaje en el que acompañaremos al protagonista, en su día a día, durante su terrorífico y surrealista descenso a los infiernos. El mensaje sigue claro y conciso: las drogas te destruyen.
Como dije anteriormente, la cinta sabe ser película antes que adaptación, y nos regalará momentos extremadamente cinemáticos. De hecho, fue famosa por su controvertida decisión técnica; primero se rodó por completo en imagen real, y luego se pasó cada frame por un filtro para hacerla parecer animación rotoscópica. Desde luego el resultado es ciertamente fascinante de ver; ayuda a que el espectador termine inmerso en la paranoica mente del novelista, las escenas de alucinaciones son visualmente increíbles, y casi parece que el director intentara que uno se sintiera como si su propia percepción de la realidad hubiera sido alterada. Sin embargo, esto termina por opacar las interpretaciones de los actores. Que están perfectamente correctos, no se interprete mal, pero los ojos no se te pueden ir a las microexpresiones de Woody Harrelson si el filtro se las elimina. El punto es que no es un detalle que arruine el conjunto, porque al final Linklater sabe rodar con el suficiente pulso como para que ni siquiera moleste, ofreciendo planos que hipnotizan y composiciones interesantísimas. Hay, en realidad, poco que objetarle sobre la puesta en escena, que es lo que importa.
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En conclusión, A scanner darkly es una más que correcta distopía sobre las consecuencias de la adicción, y uno de los mejores intentos de transmitir el particular microcosmos de Philip. K Dick a la gran pantalla. No es que sea la mejor película del mundo, los fans de Dick sabemos que eso jamás podrá salir de una adaptación de una historia suya, pero sí es lo mejor que se podía haber hecho: es extraña, paranoica, irreal, cruda y a ratos absurda. Es... la Utopía que los fans queríamos y pensábamos que nunca podríamos tener.