Mientras crecía se le había impuesto un y solo un objetivo y ese era ser el mejor, el número uno, siempre tenía y debía estar por encima de todos ¿Por qué? Por qué era el mejor y nadie estaba a su altura.
Cuando uno es niño, no posees el criterio suficiente para saber diferenciar entre lo bueno y lo malo, mucho menos sí quien te lo enseña son tus padres, no lo cuestionas porque vamos, son tus padres, ellos saben lo que es lo mejor para ti.
Su infancia había sido dura, rodeada de autos, grasa, olor a gasolina y neumáticos gastados, aún ni siquiera había dejado el chupón cuando ya lo habían subido a un auto.
Su padre, más que un león cómo él se sentía, era un águila, siempre tenía que estar viendo sobre su hombro, no había nada que él no viera, siempre vigilando, parecía que podía verlo todo hasta 500 metros lejos, incluso a través de las paredes y justo cuando lo encontraba, al igual que las águilas utilizaban sus garras para atrapar a su presa, su padre cerraba su mano sobre su hombro y apretaba, con eso bastaba para hacerle saber que algo no le gustaba.
Gracias a esa vigilancia tan estrecha es que jamás pudo tener amigos cómo tal, todos ellos estaban ahí, simplemente para verlo ganar, para verlo ser el mejor.
Las cosas cambiaron un poco cuando decidieron aceptar la oferta de Red Bull he hicieron todo lo posible para que corriera aún siendo menor de edad, por primera vez desde que tenía memoria iba a estar sin la vigilancia de esa águila, nadie dentro del medio entendía lo que la oportunidad que Toro Rosso le estaba brindando, no solo era hacer su debut en lo que amaba, sino alejarlo de esa fría y dura garra.
Sí quería ser un campeón debía demostrarlo, un campeón no puede tener a su papi a su lado todo el tiempo, eso le había dicho su padre, antes de palmearle la mejilla con fuerza innecesaria y dejarlo solo en ese hotel.
Sería la primera vez que podría estar solo, enfrentó su primer problema, no era tonto, de echo el que su padre le mantuviera alejado y fuera considerado un asocial le había dado una ventaja, era alguien muy observador, además de que su padre lo había hecho aprender sobre sus rivales, Hamilton, Rosberg, Vettel, Raikkonen, Bottas.
Así que sabía que no era muy bien visto dentro de la parrilla, lo sabía, muchos lo consideraban un prodigio, otros estaban en desacuerdo por su ingreso a una edad tan temprana cuando a la mayoría les había costado un par de años más, no era su culpa ser tan bueno, le había dicho su padre.
La mayoría lo ignoraban, tampoco es que a él le interesara mucho relacionarse con ellos, solo Sainz parecía tolerarlo un poco más ya que eran compañeros, aunque era cómo caminar sobre hielo delgado, Carlos y Max sabían lo que hacían ahí, competir entre ellos dos para quedarse con el asiento de Kvyat.
Max estaba de pie fuera del restaurante del hotel, ahí estaban casi todos los de la parrilla, Hamilton, Rosberg, Vettel, Bottas, Massa, Kvyat, Ricciardo, Hülkenberg, Grosjean, Nasr, Maldonado, Sainz, Button, Ericsson, Merhi y Stevens, estaban charlando amenamente mientras él se debatía entre entrar o no, probablemente se formaría un silencio incomodo a su llegada.
– ¿Piensas quedarte aquí toda la noche? –una suave voz a su lado lo sorprendió, no estaba seguro de haberlo visto antes, durante la pretemporada su padre no lo había dejado pensar en otra cosa más que en el auto, era un chico, aunque claramente ya estaba en sus veintes, ligeramente más bajo que él, con un espeso cabello negro que formaba un pequeño rulo sobre su frente, sus cejas eran espesas, sus ojos de un café intenso y parecía que brillaban, sus labios eran delgados, pero el inferior era un poco más lleno, pero eso no era lo que lo cautivo, sino esas pecas sobre su nariz, nunca había visto a alguien que no fuera pelirrojo con esas pequeñas manchas en su piel, era casi hipnotizante cómo coloreaban su delgada nariz y se extendían hacía sus mejillas, sentía que se había quedado sin respirar– ¡Oh cierto! Soy Sergio, Sergio Pérez, piloto de Force India.
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REGRET (Chestappen)
FanfictionLe había entregado su vida, porque lo amaba, eso estaba claro y todo mundo lo sabía, pero nada en esta vida es fácil. Sergio lo comprendió cuando su abogado le entregó los papeles de divorcio, su mundo se había colapsado, pero no podía rendirse, él...
