21.

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Suspiro.

Miró su reloj, llevaban diez minutos sentados en aquella cafetería y no habían dicho nada. Después de que le anunciaran que se encontraba en la recepción se había quedado en blanco, había sido Mark quien había dicho que le dieran acceso.

Sebastián había rodado los ojos y anticipando la razón por la que su esposo quería al rubio arriba le entregó al pequeño Kimi.

–Compórtate o esta vez sí le daré una patada a tu culo australiano y mi hijo y yo nos iremos.

Sergio estaba en shock, incluso un poco pálido, sabía exactamente qué era lo que estaba haciendo ahí pero no estaba listo. Cuando el rubio tocó la puerta, fue Sebastian quien la abrió.

–Hola Max.

–H-Hola Sebastian... yo... no pensé...

–Vivimos abajo chico, no te sorprendas tanto.

– ¡Papi no! ¡El güero te enconto! –el pequeño castaño corrió a ponerse enfrente de su papi dispuesto a defenderlo de aquel intruso. Sí, podía estar agradecido con el güero por rescatarlo de ese feo lugar, pero se quería robar a su precioso papi y eso sí que no, su papi era suyo, nadie se lo iba a quitar.

–Ay cómo te amo Patricio Pérez.

–Ti amo, tía Caro.

Sergio no pudo evitar sonreír ante las ocurrencias de su bebé, lo amaba tanto. Fue entonces que se permitió mirar a Max, el rubio parecía un poco frustrado viendo el recibimiento de Patito.

–Yo... Checo... Sergio  ¿Podemos hablar?

–Yo no creo...

–Yo creo que sí, tenemos que hablar.

Sabía que tenía razón, pero no quería, ya sabía que le diría Max, un suspiró salió de él.

–De acuerdo, pero no aquí –no sabía cómo iban a reaccionar, no quería que Pato escuchara algo, no quería que Seb o Mark intervinieran, no quería tener que pagar los gastos médicos de Max Verstappen.

Así que veinte minutos después ahí se encontraba, en la terraza de una cafetería a unos minutos de su departamento, ambos ya tenían su taza de café en la mano, pero ninguno se atrevía a hablar primero.

–Max...

–Patricio es mi hijo –no era una pregunta, era una afirmación, una que no sabía qué era lo que lo hacía sentir ¿Era bueno? ¿Era malo? ¿Qué implicaba para su hijo? ¿Para él?

–Sí, en términos biológicos sí, eres su padre. –no sabía que esperaba, pero que Sergio le confirmara lo hizo sentir confuso, por un lado, estaba el éxtasis de saber que tenían al pequeño, pero también fue la rabia, su hijo tenía casi cuatro años, cuatro años perdidos para él.

– ¿Por qué?

– ¿Por qué, qué?

– ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Desde cuándo lo supiste? ¿Cuándo firmaste el divorcio ya lo sabías? ¿Por qué no me lo dijiste?

Sergio soltó una risita, soltando de golpe la pequeña cucharilla, repentinamente molesto.

–Lo intenté, fui a buscarte ¿Recuerdas? Pero tú estabas más entretenido metiéndole la lengua hasta las amígdalas al hijo de puta de Ricciardo, para después restregarme que tu eras quien había pedido el divorvio, que no estabas arrepentido ¡Me llamaste cobarde! Cuando el único maldito cobarde ¡Eres tú!

REGRET (Chestappen)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora