outtake #5

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Cómo Arlette empezó a ser entrenada por papá y mamá Brangwen.

Habían pasado 2 meses después de la ceremonia de facción en dónde Tobias se había ido a Osadía.

Aunque esto último no lo sabía Arlette, ambos chicos habían hecho la promesa de que una vez que el moreno hiciera su cambio de facción no se verían hasta que Tobías se adaptara y fuera un miembro oficial. Y así evitar problemas siendo el un iniciado.

Arlette estaba en ese punto de su vida en dónde pasaba por un duelo, su mejor amigo se había ido y tenía el presentimiento de que todo cambiaría. La sensación de que todo había dado un giro de 180, que todo sería distinto... Nublaba su cabeza evitando su comprensión lógica.

Por qué si su cerebro estuviera trabajando correctamente se hubiera dado cuenta que Tobías se había ido a Osadía, la única facción que mantenía a sus iniciados en sus instalaciones bajo tierra o de lo contrario, si estuviera en otra facción posiblemente se lo hubiera tomado en algún punto.

Su cerebro nublado en una posible depresión en esos dos meses luego de su partida, no la habían dejado pensar claramente y mucho menos lo haría después de una profunda y sorpresiva charla con sus padres.

Una charla que mencionaba años de planeación, mentiras y engaños.

Aquella charla abriría un nuevo horizonte en la vida de Arlette, destapando un pasado olvidado y un futuro que lentamente se forjaba.

Después de aquel día era como si un velo se hubiera revelado, situaciones, escenarios encajaron en lo que parecía ser un rompecabezas algo confuso.

Y con ello, lo que en un principio pensó que era una familia extraña, ahora rayaba con lo psicótica.

Los entrenamientos eran pesados, extremos, ocurrían en el momento menos pensado.

Cómo cuando Arlette y Christopher habían salido a dar un paseo entre padre e hija y de un momento a otro, Christopher se hayaban empujando a Lette de un árbol. Todo con el fin de hacerla fuerte y que aprendiera a aterrizar.

Una noche, Arlette se hallaba durmiendo cuando sintió que alguien colocaba una almohada sobre su rostro y presionaba para ahogarla. Había sido su madre enseñándole como salvarse de una situación similar y mejorando sus pulmones.

Un día cualquiera mientras caminaba por los pasillos de la escuela, escuchó unos golpes fuertes, al asomarse vio que era un muchacho rubio vestido de azul. El chico en cuestión golpeaba una máquina expendedora esperando que bajara su deseada Coca- cola.

A Arlette le causaba gracia que aún en el post-apocalipsis futuristico aún la compañía estuviera produciendo, junto a su eterno rival: Pepsi.

La castaña se acercó, insertó una moneda y eligió el producto arriba del que quería el chico para que cuando esté cayera, su coca cola también.

—Es un poco mañoso a veces — le dijo la castaña viendo caer ambos productos. El rubio miró todo con las cejas enarcadas, viendo cuan fácil resultó todo.

—¿En dónde estuviste toda mi vida, guapa? Me llamo Jonathan — se presentó el joven con una sonrisa encantadora.

—Soy Arlette, un gusto — sonrió la muchacha.

Desde ese día una fuerte hermandad se formó, casualmente habían encontrado sus almas gemelas. Por qué no siempre era un interés amoroso tu alma gemela, en ocasiones un amigo era aquel pedazo de tu alma y ese amigo se convertía en un hermano.

Así fue como Arlette y Jace se conocieron, ese solo fue el indicio de toda una vida de aventuras.

¹ 𝐑𝐔𝐋𝐄𝐒 - 𝐓𝐨𝐛𝐢𝐚𝐬 𝐄𝐚𝐭𝐨𝐧/𝐅𝐨𝐮𝐫Donde viven las historias. Descúbrelo ahora