Cap. 33

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Capitulo 33: Después de la tormenta.

Mina, Sero y Denki se miraron entre sí, compartiendo una mezcla de frustración y pesar que no necesitaba palabras. Al unísono, sus voces rompieron el silencio:

Mina / Sero / Denki: -Llegaron tarde.

La frase flotó en el aire como un susurro doloroso, impregnando la habitación con una amargura que ni la reciente victoria podía disipar. Sabían que habían dado todo de sí. Sabían que lucharon. Pero no fue suficiente.

La sala improvisada era un hervidero de actividad: estudiantes de U.A. corriendo de un lado a otro, aplicando primeros auxilios como podían. El olor penetrante a desinfectante y el murmullo inquieto de voces cargadas de preocupación tejían una atmósfera tensa, casi irreal.

Los héroes recién llegados, liderados por el pequeño pero imponente director Nezu, se abrieron paso entre la multitud. Su voz, normalmente alegre, cargaba un peso inusual:

Nezu: -¿Qué ocurrió aquí? -preguntó, sus ojos agudos recorriendo el lugar-. Iida informó de un ataque de villanos... Pero este lugar debía estar sellado. ¿Quiénes son todas estas personas?

Antes de que Momo pudiera responder, una chica se adelantó entre la multitud. Su ropa desgarrada, el rostro manchado de polvo y lágrimas. Su nombre era Aome.

Aome: -Lo lamentamos... -su voz temblaba como una hoja en la tormenta-. Nosotros... éramos los rehenes.

Un escalofrío invisible recorrió a todos los presentes. Algunos estudiantes intercambiaron miradas rápidas; otros simplemente apretaron los dientes, conteniendo su frustración.

Momo, aun jadeando ligeramente del esfuerzo, avanzó con una compostura digna de admiración.

Momo: -No hay problema, señorita -dijo, su voz serena pero firme-. Lo importante es que están a salvo ahora.

Aome asintió, lágrimas brillando en sus ojos, demasiado agotada para hablar.

Nezu, captando la tensión que crecía como una marea, decidió intervenir con su característico pragmatismo.

Nezu: -Bien. Primero, atención médica. Luego, declaraciones. Y después, los llevaremos de regreso a sus hogares.

Al decir "hogares", la atmósfera cambió. Pesada. Densa.

Aome bajó la cabeza.

Aome: -...No tenemos hogar -susurró, la vergüenza y el dolor teñiendo cada palabra-. Los villanos... destruyeron todo. Nuestras familias, nuestras casas... todo.

El silencio cayó sobre la habitación como una losa.

Fue entonces cuando llegaron más estudiantes: Izuku, Koga, Tsuchigomori, Todoroki, Bakugo, Kirishima, Jiro, Melissa... y un inconsciente Sato, transportado cuidadosamente.

Izuku captó la escena de inmediato. El dolor, la desesperanza, el vacío. Sin pensarlo, habló, su voz portando una determinación tranquila:

Izuku: -No se preocupen. Tengo un terreno amplio donde se están construyendo casas. Varias están listas. Si quieren, pueden vivir allí.

Los rehenes levantaron la vista, incrédulos. Entre ellos, Aome se adelantó tambaleante, su rostro transformándose de angustia a esperanza en un segundo.

Aome: -¡Sesshomaru!

Izuku parpadeó, desconcertado. La voz familiar de Sesshomaru resonó en su mente:

Sesshomaru: -Déjala ser. Siempre fue así de afectuosa.

Antes de que pudiera reaccionar, Aome se lanzó a sus brazos. Izuku, rígido en su armadura, permitió el gesto, incómodo pero comprensivo.

Kaze No Kizuna.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora