Capítulo 37: El filo donde despiertan tres.
El reloj no dio las tres.
El cuerpo lo supo antes, como si algo en la sangre recordara la hora exacta en que el mundo respira distinto.
Una vibración sorda, vieja como los dioses, atravesó el aire dormido y lo arrancó de ese sueño que nunca termina, dejando un eco húmedo entre los huesos.
Izuku —o lo que quedaba de él— abrió los ojos al murmullo húmedo de la madrugada.
La habitación flotaba en un gris azulado, un tono que no era noche ni amanecer, como el intervalo entre dos mundos.
El incienso del altar aún humeaba, un hilo delgado que olía a sándalo, hierro oxidado y a una flor marchita que ya se había rendido al tiempo.
El suelo estaba frío como confesión mal hecha, y el cuerpo respondió con un temblor involuntario, un tic que recorrió la espalda hasta el cuello.
El espejo devolvía una figura que no reconocía del todo:
cabello verde con vetas blancas cayendo en mechones indómitos, piel marcada por líneas magentas que se enroscaban como raíces buscando su cauce, y los ojos…
uno verde con centellas doradas, el otro ámbar, fijo y cortante como una verdad que no se perdona.
El pulso de Izuku se aceleró; un sabor metálico llenó su boca, como si el aire contuviera diminutas partículas de hierro.
Se frotó la cara, medio gruñendo.
—Otra madrugada más… ¿Dormir seis horas seguidas es mucho pedir, Sesshōmaru?
La respuesta se deslizó por dentro, fría, como un río de acero.
> “Dormir tanto es una debilidad. Los demonios no necesitamos sueños.”
Izuku bufó, con un tic en la ceja izquierda y la mandíbula ligeramente tensa.
—Tú lo llamas debilidad —dijo, conteniendo un suspiro—, yo lo llamo salud mental. Algunos pensamos antes de atacar.
> “Y sin embargo,” —replicó Sesshōmaru, con calma afilada—, “tropiezas cada día entre cansancio y torpeza.”
El joven soltó un resoplido.
—A veces olvido lo insoportable que eres al amanecer.
Se levantó. El aire olía a neblina y metal húmedo; el Palacio Nube dormía sobre un mar de vapor que se movía lento, como el pecho de una bestia que aún no despierta.
Mientras ajustaba el obi de su ropa de entrenamiento, una punzada le cruzó el pecho.
Algo… algo se movía.
No en el cuerpo, sino más adentro, donde los pensamientos se mezclan con la memoria de otros seres, con impulsos que no se habían domesticado.
> “Ah… al fin despiertan.”
La voz nueva atravesó el silencio, cálida y húmeda, con un matiz de burla que hizo que la piel de Izuku se erizara.
Sesshōmaru tensó los hombros; Izuku sintió cómo su estómago se encogía. El aire mental se volvió espeso, casi sólido, como si respirarlo requiriera esfuerzo consciente.
—¿Qué fue eso? —susurró Izuku, sus dedos rozando instintivamente la empuñadura de la espada.
> “No se hagan los olvidadizos. Soy yo. ¿O ya olvidaron a su bestia interna?”
El nombre cayó como piedra en un pozo, haciendo que todo su cuerpo vibrara con un eco profundo.
> “Yako.” —Sesshōmaru habló con voz cargada de fastidio antiguo—. “Debí sellarte más profundo.”
> “Tarde para eso,” —rió Yako, húmedo y salvaje, con un brillo travieso que parecía recorrer cada fibra del cuerpo—. “Tres voces, un cuerpo, una hambre. No hay jaula que aguante tanto pulso.”
Izuku se masajeó la frente, un tic recorriéndole la sien derecha.
—Perfecto. Dos inquilinos en una sola cabeza. Esto ya parece arriendo compartido en el infierno.
ESTÁS LEYENDO
Kaze No Kizuna.
RandomEn un mundo donde los héroes con poderes llamados "Quirks" protegen a la humanidad, Izuku Midoriya, un joven Quirkless, lucha por convertirse en un héroe a pesar de su condición. Sin embargo, su vida da un giro inesperado cuando descubre que es la r...
