Este capítulo se ubica más o menos por cuando Minho y Jisung se estaban conociendocon las notas y mensajes.
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Limpiaba su mostrador con pereza, aún faltaban tres horas para que su turno termine y las horas pasaban tan lentamente que el omega estaba harto.
Y no por el hecho de trabajar en si, más bien, era por ver tantas parejas.
Todas las parejitas que pasaban a ver en la tienda les hacían sentir celos. Pero no celos malos, era más que nada un anhelo.
Quería tanto tener a alguien así el también. La idea de tener citas románticas, cenas, mimos y caricias le encantaba tanto.
No es como si Jisung no tuviera un interés igualmente, claro que lo tenía, ese alfa y vecino suyo lo traía loco.
Pero sabía que quizá solamente el se sentía así y que no sería algo mutuo. Conocía la situación del alfa, pensaba en que quizás lo mejor era solo darse por vencido y seguir.
Entonces, ¿Por qué su lobo se lo impedía a toda costa?
Había tantas cosas que no comprendía que solo lo hacía molestarse consigo mismo por no poder entenderlas.
Vio que una señora ingresaba a la tienda con dos niños, borro esa expresión de tristeza en su rostro y en cambio sonrió ampliamente. Esfumando esos pensamientos negativos aunque sea por un rato.
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Ni bien su turno termino suspiro aliviado, ya por fin podría irse a casa.
Al salir de la tienda vio que enfrente del local había un puesto de dulces y chocolates. Quizás no estaría mal llevarse unos para comer en casa mientras se hacía una maratón de su serie favorita.
Cruzo la calle y se acercó al vendedor, un anciano amigable que apenas lo vio le sonrió.
— Buenas tardes señorito, ¿Qué desea? —.
— Hola señor, quisiera... — Se quedó viendo todo lo del puesto, luego una idea revolucionaria llegó a su mente —.