CAPITULO 43

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Stephen miró la cocina en la que estaba.

Demasiado normal.

Demasiado americana.

El sonido del agua corriendo llenaba la habitación mientras Wanda lavaba unos platos, con el cabello mal recogido en un moño desordenado. Tarareaba suavemente la misma canción que había escuchado antes.

El agua era lo único que rompía el silencio sepulcral.

No había electrodomésticos sonando. No había ruido del exterior.

Solo el agua fluyendo y la voz de Wanda tarareando.

La melodía irritaba.

—Es una linda canción, ¿no lo crees? —preguntó Wanda con una sonrisa burlona, sin siquiera mirarlo.

Stephen la fulminó con la mirada.

—Gracias por burlarte de mí.

Miró a su alrededor. Todo parecía real, pero el silencio era demasiado perfecto.

El reloj en la pared marcaba las 12:00. Miró el segundero... No se movía.

—De nada.

El sonido del agua continuó. Frunció el ceño, dirigiendo su mirada a Wanda.

—¿Por qué no tienes acento?

Wanda alzó una ceja, lo miró con una sonrisa burlona. Eso lo molestó.

—De todas las cosas que pudiste preguntar, me haces la más rara.

Stephen bufó con frustración.

—Mi cerebro está tratando de procesar demasiadas cosas al mismo tiempo. No me juzgues.

Wanda río suavemente. No se molestó en responder.

Pasó la mano por su cabello, exhaló con fuerza, intentando calmarse, pero entonces, Wanda volvió a tararear.

El ruido de fondo, la monotonía, la falta de explicaciones.

Algo dentro se rompió.

—Ah, bueno, si quieres que pregunte...

Y entonces, explotó.

—¡¿Por qué diablos estoy encerrado aquí?! ¡¿Por qué tú estás aquí?! ¡¿Por qué diablos, mi Tony y este Tony son la misma persona?!

Se levantó y golpeó la mesa.

No produjo ningún ruido.

Stephen maldijo para sus adentros, porque nada tenía sentido, ni siquiera la mesa.

El sonido del agua cesó.

Wanda dejó el último plato en el escurridor, apagó el grifo y se secó las manos con calma.

—Bueno, supongo que es hora de que hablemos en serio.

Se sentó tranquilamente frente a él y le indicó que hiciera lo mismo.

—Lo que ves aquí es una parte de mi conciencia. Este es mi hogar dentro de la Gema del Tiempo. —Wanda señaló la cocina—. Acordamos que sería yo la que te muestre los recuerdos de la gema.

Stephen frunció el ceño.

—¿Quiénes lo acordaron así?

—Tú, yo... y Loki.

Soltó una carcajada incrédula.

—¿Loki? ¿El dios nórdico? —El tono era puro escepticismo—. ¿El de los cuentos?

Una vez masDonde viven las historias. Descúbrelo ahora