XXI

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El césped mojado dio la bienvenida que Lyra necesitaba, volvió al lugar que por alguna razón le desprendía melancolía pero que le otorgaba aquella seguridad que tanto buscaba y por más extraño que fuese, sintió por primera vez aquella paz al llegar junto a su compañera, quien parecía no desear soltar su mano.

No era la gran cosa para Lyra, una cabaña de madera con todas las comodidades que una solitaria vampiro podía necesitar pero ahora junto a su linda rubia cayó en cuenta de lo mucho que necesitaba limpiar el lugar y conseguir más cosas.

Lyra sabía que no era un lugar seguro para ambas, pero sabía también que Aro no se atrevería a buscar en el lugar más predecible por lo mismo, por la poca seguridad y por su creencia ciega de que ahora se mantenían junto al clan Cullen, quien le había ocultado más cosas de las que podía imaginar.

—¿Te gusta?

La pareja estaba en la habitación principal, la que antes era la habitación de Lyra ahora se convertiría en la habitación de Jane, su linda compañera que había aceptado venir junto a ella.

Sus ojos parecieron iluminarse por unos segundos, tan cortos que fueron apenas perceptibles para la pelinegra quien mantenía una sonrisa al verla contener su felicidad talvez porque no deseaba ser vista de aquella manera.

Y la comprendía, pero ahora ella se encargaría de que fuese distinto, estaba dispuesta hacer lo que fuese para ver una sonrisa en el rostro de su amada almenos una vez al día y si era posible, almenos dos veces al día.

—¿Es tu habitación? 

—Lo es.

—Es una cama muy grande para una persona —no eran celos los que percibía, era confusión.

No, en definitiva lo eran, eran celos y lo sabía por el tono que usó, por sus ojos que parecieron oscurecerse al decirlos, por la mirada filosa que le dio y por el casi imperceptible suspiro que hizo al mencionarlo de manera burlona.

—¿Qué puedo decir? Tenía algo de compañía.

Y fue suficiente para saber que había arruinado la poca cordura que Jane mantenía, pero no supo cual de todas las acciones le indicaron aquello.

Talvez por la fuerza con la que la llevó a la pared más cercana, comenzando a besarla con necesidad y rudeza que nunca se habría atrevido a creer de Jane, quien parecía intentar castigarla con cada uno de sus besos.

Unas manos comenzaron a tocar su abdomen, eran tan suaves que le producían una sensación de completo deleite, tanto que al sentir aquellos delicados dedos en sus muñecas solo se limitó a dejarse llevar por el momento, momento que era totalmente controlado por la pelirrubia.

De un momento a otro estaban sentadas en la cama, Jane encima de ella mientras continuaba con el beso que había dejado de ser tranquilo desde el inicio, la pelinegra dejó que la contraria quitara su chaqueta y su camiseta, dejándola en sujetador y a la vista de la vampiro quien acariciaba su piel desnuda.

No deseaba que parara, nunca lo desearía y ahora menos al sentir aquellos delicados dedos bajar hasta los botones de su pantalón e inconscientemente llevó sus manos hacia su cintura en donde intentó acercarla aún más a ella, necesitaba sentir que aquel espacio entre ellas no existía y nunca existiría por lo que el control de su fuerza se había esfumado hace un tiempo.

—¿También hacías esto con la compañía que tenías?

Y ahí estaba, la pieza faltante para rellenar su conclusión de que Jane Vulturi estaba celosa, muy celosa, tanto que aquellos ojos se habían vuelto completamente oscuros y dilatados, ella también quería esto.

"Trust me"- |Jane Vulturi|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora