XXV

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Pasado...

El ruido metálico se mezclaba con el sonido de la naturaleza que la rodeaba, era de día, uno muy soleado y algo sofocante de no ser por los árboles a su alrededor, aquellos que albergaban a más de un ser vivo en su interior.

Lyra sabía que no olvidaría aquel momento, haría lo que fuese para recordar cada pequeño detalle, incluida su huida del lugar con altos muros y centenares de vampiros que custodiaban al trío de líderes.

¿O era uno solo? 

No sabía bien lo que estaba pasando, no tenía energía suficiente para intentar entenderlo, tan solo no podía dejar de caminar, eran ordenes de alguien importante y sería lo que haría, aún cuando aquella voz se distorsionaba cada vez más y más, al igual que todo lo que juraba no olvidar.

Su atención fue al hombre con una batea metálica en sus manos, misma que dejó caer al presenciar su estado, tal vez lo suficientemente mal como para producir compasión en el humano.

Era válida e incluso poca la sorpresa del hombre al ver a una mujer casi tan pálida como el papel, casi tan reluciente como el oro que cada mañana salía a buscar y con aquellos ojos casi tan rojos como la sangre en sus venas.

La mujer se desplomó en el suelo y casi al instante él despertó de sus pensamientos para después cargarla y llevarla a su casa, en donde esta vez había vuelto con lo que parecía ser un ángel.

Y sería aquella la noche en donde Lyra Ross no recordaría nada más que su nombre y una promesa que se desvanecía cada vez más y más.

Actualidad...

Los vampiros no eran tan diferentes a ellos, William lo comprobó al verla extremadamente quieta, tan ensimismada en pensamientos que seguramente aumentarían el temor creciente que la joven tenía. 

Su gran amiga estaba a punto de comprometerse y le alegraba saber que la acompañaría, tal y como ella lo hizo por él. 

No hizo más que posar su mano en el hombro de la más pálida para conseguir su completa atención y ahí entendió aquel "brillo" del que Lyra una vez le habló.

—No temas morir de amor —repitió mientras recordaba su propia boda—, se que ella no lo hará.

La mujer sonrió, aún recordaba aquel día y aquella vaga promesa que se hizo, la que mencionaba explícitamente nunca admitir desear amar con todo su ser, aquella que se rompió desde la aparición de aquella capa roja. 

—¿Y si no logro protegerla?

Aquel susurro casi imperceptible causó una sonrisa en el mayor, quien no hizo más que empuñar algo de su bolsillo para después dejarlo en las manos de la vampiro que reconoció aquel collar de plata.

—Fue un agradecimiento por tu antepasada, la que salvó a este viejo pueblo de toda una jauría —murmuró divertido—. Se que habrán más jaurías, incluso más enemigos improbables.

El frío metal tocó su piel, al igual que las ásperas manos del hombre mayor, quien se disponía a colocarle aquel detalle casi tan antiguo como la vampiro frente a él.

—También se que no retrocederás si alguien que amas está en peligro y eso incluye a tu amada Jane —y ella no hizo más que sentir el relieve de aquella reliquia—. Creerás no poder pero con solo intentar ella se sentirá a salvo y será suficiente para darte la fuerza necesaria que te ayude a protegerla.

Lyra sintió dos manos en sus hombros, una proveniente de su amigo más querido y otra del que se había vuelto un hermano para ella, Uther, quien había logrado escuchar parte de la conversación sin mencionar palabra alguna para evitar interrumpirlos, almenos hasta aquel momento.

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⏰ Última actualización: Feb 20 ⏰

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"Trust me"- |Jane Vulturi|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora