Casual y eterno

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Extraño esa boca y no me apena decirlo. Hace tanto que ya no me busca que el encanto que sentía por ella se enfrió. Pero el recuerdo de esos labios no se va. No me importa que me haya utilizado, yo disfrutaba del juego: verla a los ojos, agarrarle la cara, besarla una y otra vez, y creerme cada una de sus mentiras. Me complacía el sentir que por primera vez no era yo el que enseñaba, sinó su alumno en eso de ser buen amante. Me conformaba con lo poco que podía ofrecerme, con esa manera tan intermitente de corresponderme. La espero cada día y fantaseo con otro de esos encuentros, que a pesar de ser tan casuales, saben a aventura, locura y deseo.

El diario de DiorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora