Demonia

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Sé que tienes el control, pero a estas alturas no me importa. Siempre dispones, pero me siento bien así. Lo que despiertas en mí es a otro nivel, por lo que vale la pena cualquier sacrificio. La dignidad y el orgullo son algo que por ti echaría mil veces por el suelo.
Maldita, te pierdes por eternidades que me hacen un hueco en el alma. Bendita, me excitas de tal manera que te conviertes en el centro de mi universo. Te odio a ratos, me enojas por momentos, pero te deseo con cada pizca de mi ser. Cada rincón de mi memoria te evoca compulsivamente. Llevarte en mis pensamientos se ha convertido en un estilo de vida.
Eres lo primero que a mi mente llega cuando me despierto; me acuesto pensando en ti y, cuando me duermo, te sueño. Eres como eres y nadie lo va a cambiar. Quizá eso es lo que me tiene más enganchado.
Demonia, pecar contigo es algo tan natural y tan habitual que no me importaría gastar el resto de mi vida rindiendo culto a ese ser divino hecho carne. Por voluntad propia, siempre elegiré tus insabores y placeres.

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