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El día que Charles renunció, fue el día más brillante entre un montón de días grises que había tenido últimamente.
El alivio fue tan inmenso, que por un momento olvidó el dolor sordo que sentía de fondo en su pecho.

- ¿Así que vas a tirar todo el esfuerzo que hiciste estos años a la basura? Oh, Charles. Cuánta pena me das...

Sebastian Shaw había estado furioso con su decisión, y Charles había tenido que ocultar el placer de ver su fea cara contraída por la sorpresa y el horror.

No tener que volverlo a ver era lo mejor que podía pasarle.

Al principio pensó que iba a extrañar su trabajo. O que iba a sentirse vacío. Pero extrañamente se sentía bastante bien consigo mismo.
Al menos si sacaba a Erik de la ecuación.

Lo que era estúpidamente imposible.

Una y otra vez su mente viajaba a la sonrisa de ese hombre. A la calidez de su hogar. A la sensación de sentirse a salvo en sus brazos.
Y luego se preguntaba cómo estaría Wanda, cómo estaría Peter con Logan...

Hasta que recordaba que Erik había decidido sacarlo de su vida. Nadie lo había obligado.

Así que él tenía que hacer exactamente eso mismo.

- Basta de pensar en ese tonto y frío hombre. - Charles expresó en voz alta, en la soledad de su propia casa.

Tenía que hacer de cuenta que Erik no existía. Excepto por el hecho del pequeño ser que cargaba dentro como una prueba de que él definitivamente había sido parte de su vida, al menos por un instante.

- Bueno, no es tonto siempre. Y frío, a veces. Supongo que contigo no lo sería. - Charles le explicó a su hijo, como si éste pudiera escucharlo.

Quizás algún día su hijo preguntaría por su padre, y querría contactarlo. Y quizás Erik podría querer a su hijo...

Pero no tenía sentido adelantarse al futuro. Al menos, al día de hoy, había decidido no decir nada.

El sonido de su celular lo trajo a la realidad, y cuando vio el mensaje de Peter, sonrió.

"¿Puedo ir a visitarte está tarde? Se extraña tu presencia por aquí"

Charles se sintió feliz. Sentía mucho cariño por Peter, y nada lo alegraba más que volver a verlo.

Ahora sí se sentía listo para verlo.

Había pasado un mes desde que él y Erik se habían separado. Y aunque Peter había insistido en visitarlo, él se había negado. Había necesitado distancia de todo lo que estuviera relacionado a Erik y su mundo.

Esa misma tarde, cuando Peter apareció en su puerta con su enorme panza y su contagiosa sonrisa, Charles casi lloró.

- ¡Te extrañé mucho! - Expresó con ternura, rodeando al muchacho entre sus brazos.

- Y yo a ti. Aunque sigo molesto con que no quisieras verme... - El joven le reprochó, pero correspondió al abrazo con calidez.

Una vez que se sentaron el sofá, Charles le explicó sus motivos para no verlo. El dolor que le provocaba pensar en Erik, y en todo lo que estuviera relacionado con él.

Por supuesto omitió el hecho de que estaba esperando un hijo de su hermano. Odiaba tener que mentirle a Peter, después de todo era su sobrino, pero no podía confiar en que Peter guardara el secreto. Su lealtad estaría con su hermano, lo cuál sería comprensible, y no iba a arriesgarse.

No estaba seguro de qué iba a hacer cuando su vientre comenzara a notarse más. Pero no iba a preocuparse aún por eso. Por el momento podía ocultarlo tras un amplio sweater.

Mi chance eres túDonde viven las historias. Descúbrelo ahora