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Charles sacó su celular, presionó el botón de grabar, y comenzó a leer las preguntas que había escrito seis meses atrás, de manera totalmente impersonal. Cómo si ese hombre no le hubiese robado el corazón y acabase de hacérselo añicos.

Raven le había dicho una vez que jamás se metiera con un hombre casado o un viudo. Ambos estaban igual de comprometidos.
Quizás ella tenía razón y Erik no había superado a su esposa. Se había dejado llevar por un momento, pero se había arrepentido de estar con él.

¿Por qué simplemente no se había dedicado a hacer su trabajo sin enamorarse en el medio?

Charles no prestó demasiada atención a las respuestas de Erik. Ya tendría tiempo de escuchar la grabación y escribir de una vez por todas ese tonto artículo.
Sólo se dedicó a mirar su rostro, estudiar sus facciones. Odiándose por no haber visto las señales de que ya no estaba interesado en él.

¿Cómo podía dolerle tanto el corazón por alguien con quién se había encariñado en tan poco tiempo?

Siempre había pensando que la cantidad de tiempo era directamente proporcional al sufrimiento que se sentía luego de terminar una relación, pero evidentemente había estado equivocado.

- ¿Hay alguna otra pregunta? - Erik inquirió con seriedad, y Charles dejó de engañarse a sí mismo queriendo ver tristeza en la mirada del hombre.

Repasó su listado, pero ya había preguntado todo lo que inicialmente había escrito.
Usaría la pregunta extra que se había ganado meses atrás.

- Tengo una última pregunta... - Charles repuso, mirándolo fijamente. - ¿Alguna vez imaginaste que esto podría ser algo verdadero o siempre fui un entretenimiento para ti? - Su voz salió sorprendentemente serena.
Ya tendría tiempo para procesar todo cuando estuviera solo en su casa.

- Charles... No hagas esto, por favor. - Erik suplicó con incomodidad, y con un leve destello de tristeza en sus ojos que seguro era otra vez imaginación de Charles.

- Tienes razón. Olvida esa pregunta. - Se levantó del sillón, detuvo la grabación y guardó el teléfono en el bolsillo de su pantalón.

Pensar que una semana atrás, incluso con sus temores, había imaginado contarle sobre su bebé a Erik en ese mismo estudio, estando felices. Y ahora estaba marchándose para siempre de ese lugar.

- Saludaré a Wanda y me iré. En la semana le pediré a mi amiga que busque las cosas que he dejado aquí. - Se contuvo de decir que eran las cosas que Erik le había convencido de dejar para no tener que volver a casa. - Gracias por todo, Erik. Suerte con el lanzamiento de tu libro. - Se despidió con una leve inclinación de su cabeza, y cuando llegó a la puerta, la voz del hombre lo detuvo.

- Charles... -

Era estúpido que su corazón se acelerara tanto ante la sola mención de su nombre.
Volteó, y lo miró frente a frente.

Erik pareció elegir cuidadosamente sus palabras, mientras Charles se odiaba por hacerse falsas esperanzas.

¿Se habría arrepentido?

- Lo siento mucho. Espero que puedas, ahora sí, conseguir ese puesto de trabajo que tanto deseabas. Deseo que seas muy feliz, porque realmente lo mereces. - Sus deseos parecían genuinos, y Charles odió que fuera tan amable incluso cuando lo estaba dejando.

Sería más fácil odiarlo si fuera un cretino.

- Deseo que seas muy feliz también. Recuerda no encerrarte demasiado para no preocupar a Wanda. - Logró sonreír a duras penas, y finalmente volteó antes de desmoronarse allí mismo. - Adiós Erik. - Y sin titubear se obligó a cerrar esa puerta por última vez.

Mi chance eres túDonde viven las historias. Descúbrelo ahora