HEESEUNG
Estoy despierto. No parecen ser más de las cinco de la madrugada, porque el sol aún no ha salido por completo. Solo algunos rayos azulados que se filtran por las cortinas, tiñendo el departamento de un tono frío, como si el día tampoco tuviera fuerzas para comenzar.
Mis manos y mis ojos se mueven, lentos, torpes, tanteando entre las sábanas revueltas en busca del causante de que me haya despertado. Mi teléfono. La vibración aún resuena en mis dedos, como un eco bajo la piel.
Lo tomo, y la pantalla me deslumbra por un segundo. Parpadeo. Me duele mirar.
Tres llamadas perdidas de papá, ni siquiera se molestaba en contar la diferencia horaria, no, no le importaba yo en absoluto.
Deslicé el dedo para borrar las notificaciones, pero no lo hice. Me quedé mirando el nombre. Tres veces. Como si por repetirlo fuera a sonar más humano. Como si alguna de esas llamadas viniera con algo más que órdenes.
No me llamaba para saber cómo estaba. Me llamaba para decirme qué hacer. Como siempre.
Ignoré esas tres llamadas perdidas al igual que ignoré su mensaje exigiéndome que regresara a Corea y me ocupara de mi cargo de nacimiento, heredero de un imperio.
Sabía que la única condición para que viajara a Canadá era que estudiara una carrera corta de administración de empresas en Columbia, para que cuando regresara él pudiera retirarse a vivir su vida tomando el sol en Jeju, follando mujeres y chicos jóvenes.
Lo odio, odio el sufrimiento por el que hace pasar a Haerin, privándola de ver a su madre en su lecho de muerte, haciendo sufrir a Soyeon que a pesar de no ser hija de ese matrimonio, sufría al ver a sus hermanos y a su madre adoptiva desmoronarse poco a poco.
No me quedé mucho tiempo ahí. Me levanté, abrí las ventanas, me duché. No con ganas, solo con inercia. Me puse ropa limpia, algo simple. Nada de eso importaba mucho, pero sentía que si dejaba de moverme, volvería a romperme.
Mientras me servía una taza de café, vi otra notificación:
[Soyeon – 6:24 a.m.]
¿Dormiste algo? No me contestaste ayer. Sé que no quieres hablar, pero estoy contigo, ¿sí? No dejes que papá te desgaste. Haerin no para de preguntar por ti y por mamá.
Y si pasa algo... no me lo ocultes, por favor.
Respiré hondo antes de responder.
[YO – 6:30 a.m.]
Estoy bien. Voy al hospital en un rato. Gracias, no sé qué haría sin ti. Ella está aceptando el tratamiento, tengo fé.
Apoyé el teléfono sobre la mesa. La taza seguía humeando. A lo lejos, las primeras bocinas de la ciudad rompían el silencio. Todo seguía su curso, como si no hubiera nada grave ocurriendo. Como si mi mundo no estuviera colapsando, día a día, de forma lenta y cruel.
Entonces lo pensé. O más bien, pensé en él.
Sunoo.
Era extraño cómo podía estar tan lejos y seguir siendo el lugar al que más quería volver. A veces, su voz parecía más cercana que mi propio reflejo. Una semana exacta desde la última vez que hablamos. Me lo había dicho con la voz temblorosa:
"Desearía estar ahí contigo..." "Sé que no puedo hacer nada, pero... no estás solo, ¿ok?"
Después de esa llamada me sentí culpable, Sunoo estaba sufriendo a causa mía, yo, que juré jamás hacerlo llorar, había terminado causando que también se rompiera.
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STARBOY ✰
Fanfiction𝗛𝗘𝗘𝗦𝗨𝗡 ◖ Sunoo pensó que nada perturbaría su paz ese año escolar hasta que le hacen un intercambio de dormitorio y termina durmiendo a solo una pared del Starboy del instituto, o más bien Lee Heeseung su flechazo desde quinto grado. ...
