twenty-four | wisp

160 21 3
                                        


SUNOO

El ruido del bullicio de mi salón de clases me hace querer golpearme contra la butaca, levanto la cabeza y los miro a todos. Observo como fingen ser felices y millonarios, la verdad es, que este instituto nunca ha sido para personas realmente felices, sino, un lugar en donde la élite se deshace de sus hijos problemáticos. Aquí no hay cámaras y tampoco hay personas que pudiera poner en peligro la integridad de cualquier chico aquí presente. A menos que entre ellos lo hicieran y eso casi nunca se veía, ninguno querría humillar a sus padres aún más involucrándose en una guerra fría contra alguna potencia política o económica de Corea del Sur o el extranjero.

Jungwon a mi lado llama mi atención, tomando notas como si su vida dependiera de ello, quizás el único en este salón que se preocupa genuinamente por estudiar, como si su vida no estuviera resuelta desde antes de nacer.

Más allá de mi visión soy capaz de visualizar a Riki, observándolo con precaución, como si tuviera miedo de ser sorprendido haciéndolo, y razones tenía.

Su mirada choca con la mía descolocándolo, veo el miedo reflejarse en su rostro y le respondo a eso ladeando mi cabeza en señal de confusión.

Lo veo negar con la cabeza y suspirar mientras cruza sus brazos y frunce los labios. Lo que me parece gracioso, haciéndome sacar una risa divertida que hace salir a Jungwon de su trance.

—¿Qué es tan gracioso? —pregunta buscando con la mirada el causante de mi risa.

Niego con la cabeza sin dejar de mirar a mi viejo amigo, eso es suficiente para que Jungwon también termine mirando lo mismo que yo.

Riki desvía la vista con rapidez, como si observarlo le doliera. Quizás le duele. Quizás le incomoda recordar todo lo que fueron. Todo lo que él mismo dejó caer cuando dejó de luchar por lo que quería.

Jungwon no dice nada. Solo lo observa. Y después me mira a mí con ese rostro inexpresivo tan suyo, como si no quisiera opinar, pero su silencio dice más de lo que cualquier palabra podría.

—Ya no nos hablamos —le digo sin pensarlo mucho.

—Lo noté.

Lo dice como si fuera un hecho evidente, algo que no vale la pena discutir. Como si ya hubiese aceptado que todos aquí estamos acostumbrados a las rupturas silenciosas.

—Jake tampoco —añado.

—Jake... es leal. Siempre lo fue.

—¿Y yo no?

Jungwon me lanza una mirada rápida, incómoda. Sabe que no lo pregunté para que respondiera. Lo pregunté porque me pesa. Porque me siento el traidor. El que no pudo estar para ellos cuando me necesitaron meses atrás, todo por estar ahogándome en mi propia miseria.

Desvío la mirada hacia la ventana. El sol no entra del todo en el aula. Todo se siente gris. El cielo, el ambiente, mi pecho.

—No has fumado hoy —comenta Jungwon de la nada.

—No. Pero justo en este momento quiero.

Siento las ganas presionando contra mis costillas, como si el cigarro pudiera llenar el vacío que Heeseung dejó cuando colgó la llamada. Como si pudiera borrar la imagen en mi cabeza de él cayéndose a pedazos mientras yo... simplemente existía en otro continente.

Jungwon no me responde. Solo vuelve a sus notas, encerrándose otra vez en su mundo. Y yo en el mío.

Levanto la mano y pido permiso para salir. La profesora apenas me mira antes de asentir. A nadie le importa realmente lo que uno haga aquí, mientras no manchen el apellido que cargan.

STARBOY ✰Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora