WHITE LIES-56

1K 105 67
                                        


DYANNE'S POV (Horas antes de lo sucedido)

—Sí, sí. Como sea. Ya estoy aquí, afuera de su depa —dije con el celular en la oreja, rodando los ojos.

—Dyanne, no vayas a hacer una estupidez —advirtió la voz del otro lado—. Tienes que manejar esto con cuidado. ¿Entiendes? Es peligroso.

Solté un suspiro, ya harta de escucharlo repetir lo mismo. —Sí, lo que digas… —murmuré, echando una mirada rápida a mi alrededor.

Y entonces, casi como si el universo me premiara, la vi.

Lisa venía caminando a lo lejos, paseando a su perro por las tranquilas calles de la ciudad, con ese paso relajado que la caracterizaba.

Así que colgué rápidamente sin decir una sola palabra más. Guardé el celular y me quedé ahí, esperando a que se acercara.

Ella venía distraída, caminando con la correa en la mano, dejando que su perro la guiara, como si estuviera sumida en sus pensamientos.

Hasta que estuvo cerca. Pasando justo frente a mí.

—¡Lisa! —dije en un grito suave, fingiendo sorpresa.

Ella frunció el ceño al instante, y me miró. Pero tan pronto como me reconoció, su expresión se volvió fría. Seria. Molesta.

—¿Qué haces aquí? —pregunté, con fingida inocencia.

—¿Qué haces tú aquí? —replicó, girándose completamente hacia mí. Su ceño seguía fruncido. —Este es mi departamento… —añadió, señalando con la cabeza el edificio frente a nosotras.

—¿Oh, vives aquí? —solté, como si no tuviera ni idea. —No tenía ni la menor idea…

Ella solo suspiró, soltando una pequeña risa incrédula, y se giró para continuar su camino sin más.

—¡Espera! —dije, reaccionando rápido. La tomé del brazo con suavidad. Pero su mirada al voltearse fue pura molestia.

—¿Puedes… ayudarme con algo? —rogué, forzando una expresión inocente, como si realmente estuviera desesperada.

Ella dio un paso hacia atrás, zafándose de mi agarre sin esfuerzo.

—No tengo tiempo. Busca a alguien más. —su voz sonó seca, firme. Nada que ver con la Lisa amable que conocía.

Volvió a intentar irse. Pero la detuve de nuevo.

—No tengo a quién más pedirle ayuda —susurré con urgencia—. Alguien le hizo esto a mi auto…

Retrocedí un paso, dejándole ver la escena que había preparado con tanto cuidado.

Una navaja oxidada estaba clavada en una de las llantas traseras.

Lisa frunció al verla.

—¿Puedes ayudarme? Por favor. Se está haciendo tarde, no puedo dejar mi auto aquí ni quedarme sola en la calle…

Mi voz sonaba tan vulnerable como podía fingirla. Sabía perfectamente cómo apretar los botones correctos. Y Lisa… Lisa siempre caía.

—Lo siento, no sé cómo ayudarte. Deberías llamar a alguien. —negó, finalmente dándome la espalda y caminando directo hacia su edificio, guiando a su perro con paso firme.

—¡Lisa, espera! —grité, pero ni siquiera volteó.

Estaba realmente molesta.

—Ugh, maldita sea… —bufé entre dientes, soltando un suspiro frustrado.

La seguí con la mirada hasta que la puerta del edificio se cerró tras ella y su figura desapareció por completo.

Saqué mi celular y marqué a Chris. Contestó al segundo timbre.

𝐁𝐄𝐘𝐎𝐍𝐃 𝐓𝐇𝐄 𝐌𝐀𝐒𝐊Donde viven las historias. Descúbrelo ahora