BROWN GUILTY EYES-58

1.2K 123 157
                                        

GUS' POV

—Llegaste... —dijo Jennie con una sonrisa ladeada y esa mirada brillosa que dejaba claro que no estaba completamente en sus sentidos.

—Hice lo que pude para llegar a tiempo —respondí, sentándome frente a ella.

Rápidamente me ofreció un trago, como si ya lo tuviera preparado. Se estiró y lo dejó frente a mí con un gesto despreocupado.

—Estaba con el idiota de Chris, pero se fue por un inconveniente y me dejó aquí sola —dijo, recargándose en el respaldo del asiento. Le dio otro trago a su vaso.

—No podía quedarme aquí sola nada más, así que pensé en ti.

Sonreí, tomando el vaso con una ligera inclinación de cabeza.

—Bueno... aquí estoy. Para hacerte compañía.

Ella soltó una pequeña risa, y siguió bebiendo.

Yo la miraba, sin saber bien qué hacer o decir. Estaba tan diferente. Su energía era otra.

—¿Cuánto tiempo llevas aquí? —pregunté, mirando la botella que ya estaba a la mitad.

—¿Como... una hora? —frunció el ceño, tratando de recordar. —No lo sé.

—¿Una hora...? ¿Y todo eso has tomado? —dije, tomando la botella para observarla mejor.

Ella se burló.

—No es nada para lo que nos falta.

Entonces alargó la mano para tomar la botella de vuelta. No sé si fue mi imaginación... o su torpeza, pero su mano rozó la mía más de lo que debía.

Su piel era suave. Pero sus manos... estaban frías.
Jennie seguía bebiendo como si el tiempo no pasara.
Yo, en cambio, apenas había rozado el vaso.

Nunca me gustó tomar sin razón. Solo lo hacía cuando no había otra opción, y aun así... el alcohol siempre traía consigo un caos que prefería evitar.

No me gustaban los excesos. No me gustaba perder el control.

Me tomé tres tragos, nada más. Pero incluso con eso, sentía la realidad un poco distinta.

No demasiado... solo lo suficiente para notar que Jennie ya se había pasado.

Llevaba media hora intentando contarme una historia de su infancia. Algo sobre una bicicleta, su abuela...No lo sé.

Mezclaba palabras, se reía de la nada...

La vi estirarse otra vez, su mano alcanzando la botella con torpeza.

Y antes de que pudiera llenarse otro vaso, mi mano se adelantó, envolviendo su muñeca para detenerla.

Jennie me miró, confundida, con los ojos
entrecerrados.

—¿Qué haces?
—Creo que ya es suficiente —respondí con calma, poniéndome de pie.

Me incliné un poco, le quité la botella con cuidado—. ¿Por qué no mejor te llevo a otro lugar? ¿A casa? —sugerí, con voz baja, casi susurrando.

Jennie parpadeó un par de veces, como si le costara procesar mis palabras.

—¿A casa...? —repitió, arrastrando un poco la voz.
La forma en que lo dijo, acompañada de esa sonrisa pícara que se le escapó sin esfuerzo, me hizo tensar los hombros.

Ladeó la cabeza y me miró desde abajo, con los ojos brillantes por el alcohol y esa mirada que claramente malinterpretaba mis intenciones.

—¿Tan rápido quieres llevarme a la cama? —susurró, alzando una ceja, mientras se reía entre dientes.
Mi estómago se revolvió.

𝐁𝐄𝐘𝐎𝐍𝐃 𝐓𝐇𝐄 𝐌𝐀𝐒𝐊Donde viven las historias. Descúbrelo ahora