BUT I WON'T LET YOU DOWN-65

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JENNIE'S POV

Salí de la ducha sintiéndome renovada, con la piel aún perlada por el agua fría y mi cabello húmedo pegado a mis mejillas.

Avancé descalza hasta el espejo del baño, envuelta en la toalla, y me detuve frente a mi reflejo.

Maldita sea.

¿Quién diablos era esta?

Nunca en mi vida me había visto tan... mal.

Las ojeras oscuras dibujaban medias lunas bajo mis ojos, mis labios lucían secos y apagados, y hasta mi rostro parecía más delgado, como si en estos días se me hubiera drenado la vida.

Y entonces lo vi.

—No... no, no, no... —murmuré acercándome al espejo, con el corazón encogiéndose como si estuviera presenciando una tragedia.

Justo en medio de mi mejilla... un grano.

Un maldito, inmundo, asqueroso, criminal grano.

Abrí los ojos de par en par, llevándome una mano a la boca como si estuviera viendo una escena de crimen.

—¿Por qué?... ¿POR QUÉ A MÍ?

Apoyé ambas manos en el lavabo, respirando hondo, intentando asimilar la catástrofe.

Podía sobrevivir al cansancio, a la tristeza, a todo lo que estaba pasando...
pero ¿a esto? No lo sabía.

Suspiré y me miré en el espejo de nuevo.

Mis ojos recorrieron cada centímetro de mi rostro, buscando imperfecciones

Y entonces lo vi.

No...

No podía ser.

Ahí estaba. Otro. Justo en la punta de mi nariz.

Radiante. Insolente.

—No... tú no... —murmuré, con una mezcla de furia y desesperación.

Me incliné hacia el espejo, apretando los labios. Estiré un dedo y, con todo el cuidado del universo, intenté deshacerme de él.

Grave error.

En menos de dos segundos, lo que antes era un pequeño punto apenas visible se convirtió en un monstruo rojo, inflamado, imposible de ignorar.

Me alejé un poco, horrorizada.

—Perfecto, Jennie... ahora pareces un maldito semáforo —dije, casi escupiendo las palabras, sintiendo como la frustración me subía hasta las orejas.

Molesta, tomé la toalla que estaba colgada cerca, la envolví alrededor de mi cuerpo sin demasiado cuidado y salí del baño, sujetándola apenas con dos dedos.

Caminé por la habitación de Lisa, con pasos rápidos y decididos, hasta llegar a su armario. No estaba para ponerme exigente.

Lo primero que encontrara serviría.

Aun así, no pude evitar sonreír con cierta satisfacción.

Amaba usar su ropa; tenía algo en su aroma y en cómo me quedaba que me hacía sentir segura... y suya.

—Jenn, te hice algo de desayunar... —su voz resonó de pronto, cálida y suave, rompiendo el silencio de la habitación
Di un pequeño salto, el corazón golpeándome fuerte en el pecho.

Me giré por instinto.

Ahí estaba ella, entrando con una bandeja entre las manos. No alcancé a procesar qué había sobre ella; solo pude fijarme en su sonrisa, esa sonrisa que siempre me desarma.

𝐁𝐄𝐘𝐎𝐍𝐃 𝐓𝐇𝐄 𝐌𝐀𝐒𝐊Donde viven las historias. Descúbrelo ahora