DON'T SAY ANYTHING-76

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LISA'S POV

Sabes que no tenías que comprarme todo esto —habló Jennie con una risita a mis espaldas.

Sonreí sin voltear a verla, demasiado concentrada en intentar abrir la puerta de mi departamento mientras mis manos torpes fallaban una, dos veces seguidas.

—No debiste decir que tenías hambre frente a mí —respondí, negando apenas con la cabeza.

Al tercer intento, la cerradura cedió. Abrí la puerta y me hice a un lado para dejarla pasar primero.

Ella entró con cuidado, cargando las bolsas de comida coreana que habíamos comprado de camino.

Se suponía que íbamos a trabajar.
Eso era el plan.

Pero entre la comida... y el soju que vi cómo miró de reojo en la tienda —creyendo que no me daba cuenta— sabía perfectamente que esto iba para largo.

Cerré la puerta detrás de nosotras y dejé las llaves sobre la mesa de la entrada.

—Puedes dejarlas ahí —le indiqué, señalando la encimera de la cocina.

Jennie obedeció, dejando las bolsas con cuidado

Cuando de pronto esa voz nos hizo voltear al mismo tiempo.

—Ugh, hasta que llegas...!

Mi cuerpo se quedó inmóvil.

Al igual que Jennie, cuando nuestras miradas chocaron con la figura parada en la entrada.

Maldita sea.

Steff.

Sentí cómo el aire se volvía pesado de golpe

—Oh... Steff —dije, sin poder disimular mis nervios.

Maldita sea, Manobal. Contrólate.

—Yo... no sabía que estabas aquí.

Ella me miró primero a mí.
Luego, lentamente, giró la cabeza hacia Jennie.

Y no... no lo hizo de la manera que me hubiera gustado.

Su expresión se tensó. Fría. Desaprobatoria.
La recorrió de arriba abajo sin ningún pudor, evaluándola como si fuera algo fuera de lugar, algo que no debería estar ahí.

Y después...

La ignoró.

Por completo.

Como si Jennie no existiera. Como si no estuviera a solo unos metros de nosotras.

—Pues claro —habló, caminando hacia mí con pasos rápidos—. Te cociné algo. Sé que vienes cansada del trabajo.

No tuve tiempo de reaccionar.

Sus brazos se cerraron alrededor de mi cuello y me abrazó, pegándose a mí con una confianza que me heló la sangre.

Mi cuerpo se tensó de inmediato.

No correspondí el abrazo.

Mis brazos se quedaron rígidos a los costados, mientras mi mente iba a mil por hora.

Sentí el peso de la mirada de Jennie sobre nosotras.
No tuve que verla para saberlo.
Lo sentía en la piel, en el pecho, en esa incomodidad que me quemaba por dentro.

—Steff... —murmuré, separándome suavemente de ella, poniendo una mano en su hombro para crear distancia—. No esperaba visitas hoy.

Ella frunció apenas el ceño, como si no le gustara que me alejara

𝐁𝐄𝐘𝐎𝐍𝐃 𝐓𝐇𝐄 𝐌𝐀𝐒𝐊Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora