Un día como cualquiera, el mundo se fue a la mierda. Un extraño virus atacó de un momento a otro a cientos de personas, convirtiéndolas en monstruos caminante sedientos de carne.
Los que no fueron afectados por el virus buscaron la manera de mantene...
Ping es el primero en salir del shock y corre hacia el caminante para poder atravesarle la cabeza con una de sus cuchillas.
Benz es el siguiente en acercarse, su cuerpo sufre de una pequeña arcada cuando logra ver de cerca el rostro completamente destrozado de la víctima.
— No —susurra Garfield, luciendo muy nervioso—. Él no puede ser Pooh, no...
Naret se mantiene en silencio. Sus ojos no pueden apartarse del cuerpo destrozado que se encuentra sobre el suelo.
— ¿Están seguros de que es Pooh? —Ping pregunta mientras frunce el ceño—.
— No —Pon murmura—. No puede ser mi amigo.
Benz observa a Naret de soslayo. El rubio sigue completamente quieto en el mismo lugar, con la mirada perdida, como si su mente no comprendiera lo que estaba sucediendo.
— Pon, ayúdame a taparle el rostro —murmura Ping mientras busca algo en su mochila—.
El castaño traga saliva y con los ojos llenos de lágrimas se acerca hacia el mayor. Ambos logran envolver la cabeza del fallecido, para que así no sea tan difícil verle.
Garfield cae de rodillas. Su cuerpo tiembla mientras pequeños sollozos salen de su boca.
No puede creer que Pooh, su pequeño hermanito, esté muerto.
Benz se acerca y lo abraza por unos largos minutos, mientras que Pon y Ping se dedican a terminar de vendar las heridas abiertas del cuerpo inerte sobre el suelo.
Naret se mantiene en la misma posición. Mirada perdida, piel pálida y un corazón completamente roto.
— Lamento todo esto, pero debemos volver —murmura Ping—. Benz, ayúdanos a cargar con el cuerpo.
El castaño asiente con la cabeza y se muerde el labio inferior mientras camina hacia ellos. Pon no dice nada, solo sigue las instrucciones de Ping mientras llora en silencio.
— Garfield, Pavel —les llama—. Tenemos que irnos.
El médico se limpia las lágrimas con fuerza y suelta un pequeño jadeo de dolor mientras se pone de pie como puede. Logra observar como entre Benz, Ping y Pon levantan el cadáver de su hermano, dispuestos a llevarlo de vuelta a la cabaña para darle una digna sepultura.
El camino de vuelta se siente mucho más largo que antes. Los pasos pesados arrastrando mil y un sentimientos de dolor y pérdida.
Naret no ha dicho nada desde que dejaron el lugar y apenas logra mantenerse de pie hasta que vuelven a la cabaña.
— ¡Ya están aquí! —Sailub avisa a los demás, mientras se acerca a ellos—.
Todos no tardan en reunirse y pronto el silencio les rodea. Ping deja el cuerpo contra el suelo y en silencio camina hacia el cobertizo en busca de una pala.
Topten, Nut, Pop, Michael, Sailub y Lee no mencionan ni una sola palabra. No pueden. El nudo en sus gargantas no se los permite.
Y como si el ambiente fuese propicio para ello, pequeñas gotas de agua comienzan a caer desde el cielo y poco a poco la lluvia consigue empaparlos por completo.
Es allí, cuando Naret se permite llorar. En silencio, mientras las saladas gotas de la lluvia se mezclan con sus lágrimas.
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