v e i n t i u n o

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El cielo estaba nublado. La mañana era fría y el silencio era lo único que acompañaba a la joven figura que caminaba a paso lento por el borde del pequeño riachuelo.

Sus pisadas eran tan delicadas que ni siquiera producían el más mínimo sonido que pudiesen alertar a los caminantes que arrastraban sus cuerpos putrefactos alrededor.

Su cabello, ahora negro, se movía con fluidez gracias al viento que golpeaba su rostro sereno. Sus ojos oscuros, no transmitían nada más que tristeza y soledad.

Pero, ¿qué más se supone que debía transmitir?

Han pasado dos años exactos desde que aquel lindo chico con sonrisa traviesa murió. Dos años en los que Pooh le había dejado.

¿Cómo es que podría siquiera pensar en la felicidad cuando su propia luz se había apagado para siempre?

Naret suelta un suspiro y toma asiento sobre una roca mientras observa el agua pasar. Aquella mañana había sido el primero en despertar, así que tomó la decisión de dar un paseo por los alrededores.

Dos años se sentían cortos, pero a la vez muy largos de procesar. Sobretodo cuando llevas la carga de la perdida de alguien importante sobre tus hombros.

Los chicos parecían haber superado la muerte de Pooh muy fácil. Al menos ya no lloraban en la noche, ni susurraban disculpas al aire.

Garfield, quien ahora llevaba una bonita relación con Benz, parecía ya haberse perdonado el no cuidar mejor de su hermano menor. Ahora sonreía más, he incluso le había oído reír de vez en cuando.

Naret no puede hacer nada de eso, no sabe como. Su voz decidió apagarse desde el día en que abrió sus ojos y su corazón aceptó por fin que nunca más volvería a ver aquella hermosa sonrisa al despertar.

— Hermano... —la voz de Lee logra sacarlo de sus más solitarios pensamientos— ¿Qué haces por aquí?

Naret lo observa por un segundo y luego niega con la cabeza. Lee suspira y toma asiento a su lado.

— P'Nut ha preparado el desayuno hoy —sonríe de lado—. Regresemos a la cabaña antes de que Ping y Pop se terminen todo...

Silencio.

Un silencio del cual Lee ya estaba acostumbrado.

El camino a la cabaña fue relativamente corto, y pronto ambos se encontraron sentándose en la larga mesa donde los demás chicos estaban disfrutando del desayuno.

— ¡Que delicia! —suelta Michael mientras gime exageradamente, haciéndoles reír—. ¡Nut de verdad nunca dejes de cocinar!

— Baja la voz —le regaña el ex profesor—. Eres un ruidoso.

— Por cierto —interviene Sailub—. Creo que ya se están acabando las provisiones del mes, ¿deberíamos hacer otra exploración?

— Si —responde Pon de inmediato—. Creo que ya necesito salir a estirar mis piernas, ¿vamos Ping?

El mayor deja de embutirse la comida por un segundo y asiente con la cabeza de manera enérgica.

— ¿Y tú, Pavel? —esta vez Pon pregunta con sigilo.

El ahora pelinegro lo observa en silencio. Sus ojos oscuros y tristes parecen dar la misma respuesta que Pon ya se esperaba.

No.

— Bien, entonces iremos solo tú y yo, Pon —Ping se anima a responder después de tragar su comida—. Terminemos de comer y organicemos las cosas.

— ¿Llevarán la camioneta? —pregunta Topten con interés.

Walkers ~ PoohPavelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora