Un día como cualquiera, el mundo se fue a la mierda. Un extraño virus atacó de un momento a otro a cientos de personas, convirtiéndolas en monstruos caminante sedientos de carne.
Los que no fueron afectados por el virus buscaron la manera de mantene...
Namping golpea los grandes muros con desesperación. Los hombres de Pooh le reconocen y abren las puertas de inmediato.
— Nam —Ping lo mira con temor— ¿Dónde están los demás?
— Dome los tiene —susurra con nerviosismo— Pavel me ayudó a escapar con la cura, tengo que llevársela a Lynn...
— Vamos.
Ambos corren hacia el consultorio. Lynn se encuentra verificando algunas cosas en su libreta, mientras Pooh se mantiene dormido sobre una de las camillas.
Garfield también se encuentra allí. Sus ojos no dejan de observar el pecho de su hermano que casi no se mueve a consecuencia de su respiración lenta y pesada.
— ¡Doctora Lynn!
Namping ingresa sin tocar, siendo seguido por Ping. Lanza los papeles que robó de Tle sobre el escritorio y luego coloca la botella de vidrio encima.
— ¿Qué es eso? —la mujer los observa confundida.
— Es la cura.
Lynn se levanta de su asiento de inmediato, Garfield le imita. La mujer toma la botella entre sus manos y sonríe sintiendo un alivio en su pecho.
Pooh no va a morir.
O eso espera ella.
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Naret casi no parpadea desde que Dome salió de la habitación, dejándole con Pon aún inconsciente junto al cadáver de Keng que aún se mantiene en la esquina de la habitación.
Tenía que salir de allí. Namping había logrado huir con la cura, y a estas alturas del día ya debía haber llegado al campamento del norte.
Suelta un quejido cuando las sogas apretadas en sus muñecas le hacen daño.
Pon comienza a removerse, está despertando. Sus ojos se abren con lentitud, intentando adaptarse a la extraña luz dentro de la habitación.
— ¿Pavel? —pregunta confundido.
Su rostro gira hacia un lado y nota el cuerpo inerte de Keng. Suelta un grito de horror, logrando llamar la atención de los hombres de Dome, quienes custodian la entrada.
— ¿Qué mierda sucede aquí? —pregunta uno de ellos mientras les apunta con su arma.
— ¿Qué le hicieron? —Pon susurra con dolor.
Conocía a Keng desde hace muy poco, pero eso no quitaba el hecho de que acabase de ver el cadáver de quien les ayudó a llegar a ese lugar, junto a él.
— Será mejor que cierres la boca —el hombre de grandes brazos le gruñe con molestia— Si no quieres terminar como tu amigo.