Taehyung y Jungkook eran mejores amigos desde algunos meses. Kim se enamoro de Jeon desde el primer momento en que lo vio e intento enamorarlo.
El mundo de Taehyung se vendría abajo cuando Jungkook le dijo que había conocido a Dahyun.
Dahyun era un...
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Jungkook llegó a casa de Taehyung cuando ya el cielo había comenzado a oscurecer. No lo pensó demasiado: tomó una sudadera, su mochila y el cupcake que había comprado antes de regresar a clases, y salió directo a la casa de su amigo, sin decirle a nadie más. No quería respuestas, solo necesitaba verlo.
Durante todo el resto del día, en clase, su cabeza había estado en otra parte. No escuchó nada de lo que los profesores explicaron, ni respondió cuando Dahyun le tocó el brazo para preguntarle si estaba bien. Solo pensaba en esa llamada, en la voz de Taehyung, cortante y débil, como si no le quedara fuerza ni para enojarse.
Le dolía no saber cómo llegar a él. Le dolía aún más no entender por qué se alejaba así.
La mamá de Taehyung le abrió la puerta con una expresión preocupada. Ya había escuchado esa voz antes, la voz cálida que siempre lo recibía con una sonrisa, pero esta vez, era distinta.
—Hola, Jungkook … gracias por venir. Tae está en su habitación. No ha querido despertar —dijo en voz baja, como si le hablara a una herida abierta.
Él solo asintió. Subió las escaleras con pasos suaves, reconociendo ya el camino hacia esa habitación que conocía tan bien, tocó la puerta con los nudillos.
No obtuvo respuesta.
Abrió con cuidado, y lo vio. En la cama, tapado hasta la mitad, con la cara girada hacia la pared. Dormía, o eso parecía.
Se acercó despacio y se sentó a su lado, no dijo nada, solo observó. El cabello revuelto, la piel pálida, las pestañas mojadas. Jungkook tragó saliva, esa no era la imagen de alguien que había dormido en paz.
Le acarició el cabello como siempre lo hacía cuando estaban en confianza. Era un gesto tan natural en él que ni siquiera lo pensó dos veces. El cuerpo de Taehyung se movió un poco y luego abrió los ojos, lentamente.
Y sonrió.
Esa pequeña sonrisa, adormilada, hizo que todo el pecho de Jungkook se ablandara.
—¿Cómo te sientes? —preguntó en voz baja, sin dejar de acariciar.
—Bien... tal vez lo que me hacía falta era dormir —murmuró Soler mientras se incorporaba con lentitud.
—¿No has dormido bien últimamente?
Taehyung negó. Estiró los brazos con pereza, como si el cuerpo aún pesara más de lo que podía soportar.
—Digamos que he tenido varias crisis existenciales... he intentado matarme, aunque no ha funcionado —dijo entre risas débiles.
Jungkook lo miró de reojo. Sus bromas oscuras siempre lo inquietaban, tal vez otros las dejaban pasar, él no podía.
—No digas eso, Recuerda que cuando te sientas mal, no importa la hora, puedes llamarme