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Jungkook no era tonto

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Jungkook no era tonto.

No necesitaba que Taehyung se lo dijera con palabras para saber que algo no andaba bien.

Lo veía en sus manos, en cómo las metía entre las mangas del suéter hasta casi desaparecerlas. En sus ojos, nunca lo miraba más de tres segundos seguidos últimamente, en la forma en que cerraba su cuaderno como si le quemara, como si protegerlo fuera más urgente que respirar.

Y no decía nada. Nunca decía nada.

Hasta cuándo, Taehyung, hasta cuándo vas a seguir guardándotelo todo, pensaba.

Aquel día en el comedor, lo vio desde lejos, encogido y temblando un poco. Solo llevaba puesto el suéter del uniforme y hacía un frío de mierda, todos estaban en otros edificios, menos él, como siempre, como si el comedor fuera su cueva, su escondite.

Y Jungkook no sabía por qué, pero esa imagen lo golpeó más que otras veces.

No le compró nada solo caminó hasta él, se quitó su suéter, uno de poliéster que aún tenía un poco de su perfume porque no lo había lavado y se lo tiró encima.

Ni siquiera dijo "hola" antes.

-Póntelo, te vas a morir de frío.

Taehyung saltó. Se quejó, cerró el cuaderno, como siempre, pero después sonrió, una sonrisa chiquita, fugaz una que Jungkook apenas alcanzó a ver… pero suficiente para sentirse un poco menos inútil.

-Gracias —dijo Taehyung

Y eso fue todo.

Jungkook se quedó con él un rato, hablaron de cualquier cosa, de Dahyun, de lo mucho que quería que ella lo notara, dijo un par de tonterías como siempre, bromeó. Lo abrazó cuando Taehyung volvió a decir que tenía frío, y sintió cómo su cuerpo se aferraba al suyo con más fuerza de lo normal.

Algo estaba mal.

Y eso ya no se lo podía quitar de la cabeza.

No sabía si era tristeza, enojo, miedo o las tres cosas juntas. Pero Taehyung estaba diferente, no distante, no frío. Apagado.

Como si se estuviera desvaneciendo y nadie se diera cuenta.

Y eso le molestaba.

Porque ¿quién lo veía? ¿Quién se sentaba con él cuando no estaba Jungkook? Nadie porque Taehyung no dejaba, porque se escondía, porque prefería fingir que estaba bien y encerrarse a escribir en vez de abrir la boca.

Y él lo dejaba.

Lo dejaba porque no quería presionarlo, porque no quería que se alejara más, porque si lo acorralaba, Taehyung se encerraba.

Pero ese día, cuando se fue, no paró de pensar en él.

Lo imaginó en su cuarto, solo, con su música, abrazando el suéter, tal vez llorando, tal vez deseando no sentir nada. Y esa imagen le revolvió el estómago.

Heather |Kookv|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora