Taehyung y Jungkook eran mejores amigos desde algunos meses. Kim se enamoro de Jeon desde el primer momento en que lo vio e intento enamorarlo.
El mundo de Taehyung se vendría abajo cuando Jungkook le dijo que había conocido a Dahyun.
Dahyun era un...
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Eran más de las once de la noche y aún no se había movido del mismo lugar.
La lluvia no había dejado de caer desde que regresó a casa. Las gotas golpeaban con insistencia el cristal de la ventana, una tras otra, como si buscaran entrar, como si, de algún modo, la noche también estuviera llorando con él.
Jungkook tenía el cabello húmedo, la ropa aún pegada al cuerpo y las manos frías. No se cambió, no encendió la luz de su habitación, ni siquiera había quitado sus zapatos, solo se sentó en el suelo, con la espalda apoyada contra la cama y las piernas flexionadas, mirando hacia ningún punto en particular.
Se había pasado los últimos cuarenta minutos repasando cada segundo de lo que acababa de pasar.
La forma en que Taehyung abrió la puerta con los ojos hinchados.
El temblor de su voz al pedirle que se fuera.
La forma en que, aun así, lo hizo pasar. Cómo secó su cabello con tanto cuidado, con tanta ternura, como si no pudiera evitar quererlo incluso en medio de todo ese dolor.
Y el beso.
El primer beso.
El que no debió haber pasado. El que no sabía cómo detener, el que no quería detener. Se frotó el rostro con fuerza, como si pudiera borrarlo de su piel. Pero no desaparecía.
—¿Qué hiciste, Jungkook...? —susurró en voz baja, por enésima vez.
Había arruinado todo. Su amistad, su promesa de cuidar a Taehyung, la estabilidad que aún sostenía por los bordes y lo peor de todo: le había dado esperanzas, porque en ese beso no hubo rechazo, hubo algo más, algo que no estaba listo para decir en voz alta.
Jungkook se recostó de lado sobre la alfombra, con el rostro hacia la pared y el corazón apretado.
No podía sacarse de la cabeza el momento en que Taehyung le preguntó si podía besarlo. Esa mirada... esa mirada lo iba a perseguir durante semanas. Lo miraba como si lo amara desde hace años, como si todo su dolor se resumiera en ese solo gesto.
Y él, como un idiota, lo dejó hacerlo. Porque no supo decirle que no, porque tampoco quería hacerlo.
¿Y si en el fondo yo también lo quise?
Ese pensamiento le atravesó el pecho como un rayo, y no pudo evitar incorporarse. Se quedó sentado otra vez, con las manos temblorosas sobre las rodillas.
Taehyung. Su Taehyung. Su mejor amigo. Su lugar seguro.
¿Por qué ahora sentía que algo entre ellos se había roto y que no podría volver a ser lo mismo?
¿Y si lo arruiné todo?
Quiso enviarle un mensaje. Solo una palabra, perdón, pero no se atrevió.
No sabía si tenía derecho a hablarle después de lo que pasó. No cuando le había dicho que lo hubiera intentado con él “aunque era hetero”. Qué frase tan imbécil. ¿Cómo se le ocurrió decir algo así?