22

168 29 13
                                        

Narra ___.

Me quedé mirando esa libreta como si me fuera a morder. Cada palabra era una cachetada: la otra yo no solo era una interesada, ¡era nivel perra despiadada!, y lo peor: Bruno no tenía idea. No se había dado cuenta de que esa otra yo solo lo utilizaba por su apellido...

Tragué saliva, cerré el cuaderno de golpe y lo metí otra vez bajo la tabla, porque si Bruno lo veía...no quería ni imaginar lo que podía pasar. Lo que pensaría de mi, aunque no hubiese sido YO la que escribió eso.

Mi estómago estaba revuelto, sentía las manos frías y el corazón desembocado.

Respiré hondo. "Ok ___, piensa. Si la antigua yo lo veía como trofeo, yo lo veo como... Brunito, mi torpe ratoncito ansioso que se pone rojo hasta cuando le agarro la mano"

—No puedo dejar que se entere...—Murmuré.

En ese momento escuché a Bruno desde la planta baja.

—¿Bonita? ¿Todo bien?.

—¡S-Sí! Todo bien, ya bajo. —Forcé voz alegre, o normal, pero mi corazón estaba haciendo zumba dentro del pecho. Este cuaderno tenía que quedarse enterrado para siempre. Además, tenía que saber quién era yo realmente aquí.

Narrador.

Bruno estaba sentado en la sillita con las manos sudadas. Había ensayado en su cabeza una cosa toda la mañana: quería preguntarle si, antes de la boda, podían hacer un mural pequeñito juntos en la casita, bueno en el cuarto de visiones. Pero ahora estaba tan nervioso que parecía que se iba a desmayar solo de pensarlo.

Cuando ___ bajó, Bruno notó que estaba rara. Esa sonrisa... y parecía que iba a vomitar si hablaba.

—¿Todo bien, bonita? —preguntó con voz suave, no quería parecer entrometido.

Ella sonrió forzada.

—Todo perfecto. ¿Y si pasamos por la plaza? Tengo antojo de una empanada.—Mentira. Quería sacarse la sensación apretada que tenía en el pecho. Se sentía como una mentirosa sólo de mirarlo...más mentirosa si hablamos de que ella no era ella.

Bruno dudó, rascándose la nuca.

—Es que... iba a... emm... preguntarte... si querías hacer algo conmigo... pero no importa, es tonto.

____ bajó por completo y se acercó a él, lo agarró de la mano, con un poco de ansiedad aún golpeándole el pecho.

—No, Brunito, dime.—Su voz suave lo calmo un poco.

—Es que... pensé que... antes de la boda... podríamos pintar el mural del cuarto de visiones...juntos. Algo chiquito. No sé... para recordarlo.

El corazón de ___ dio un vuelco. ¿Cómo alguien tan puro podía haber sido usado por su otra versión como un maldito escalón social?...si, ___ de encanto era una perra.

Narra ____.

El aire me pesaba en el pecho. Cada vez que miraba a Bruno me venía a la mente la libreta escondida bajo la tabla. La otra yo hablaba de él como si fuera una maldita bolsa de oro y yo... yo lo miraba como si fuera todo mi universo.
La culpa era como un nudo en la garganta, pero cuando él sonrió, nervioso y tierno, pidiendo que hiciéramos ese mural... ¿cómo iba a negarme?.

—Claro que sí, Brunito —dije con una suavidad que hasta yo sentí ajena, como si quisiera compensarlo todo en esa sola frase.

Sus ojos brillaron como si acabara de decirle que había ganado la lotería.

—¿De-¿De verdad? Pensé que... bueno, que no te iba a gustar, o que estabas ocupada... o que... —empezó a agitar las manos nervioso, hasta que lo callé con una sonrisa y apreté su mano.

𝓦𝓲𝓼𝓱- 𝐵𝑟𝑢𝑛𝑜 𝑀𝑎𝑑𝑟𝑖𝑔𝑎𝑙 𝑋 𝑇𝑢́Donde viven las historias. Descúbrelo ahora