Luzu y Quackity solo tuvieron unos minutos para lavarse la cara y vestirse ya que estaban recién levantados. Bajaron al comedor ya vestidos.
Antes de salir, los niños les vendaron los ojos y los guiaron hasta el coche que esperaba afuera. Roier y Juan también entraron y cerraron las puertas.
-¿Listos para vivir un gran día? -se escuchó la voz al volante.
-¡¿Willy?! -exclamó Quackity. -¿Usted también está metido en esto?
-Todos lo estamos -respondió Willy y puso el motor en marcha.
-¿Alguien puede decirme adónde nos dirigimos -preguntó Luzu desde el asiento trasero.
-Paciencia, pronto lo sabrán -contestó Juan.
-Por cierto -habló de nuevo Quackity. -Queremos decirles que...
-¡No! -interrumpió Roier. -No digan nada, no ahora. Esperen a que lleguemos.
-Pero...
-Lo van a estropear -protestó Juan. -Esperen a ver la sorpresa y luego ya hablaran.
-Ya está bien -dio finalmente Luzu. -Quackity, cállate -ordeno aguantándose la risa.
No podía verlo pero estaba casi seguro de que Quackity estaba poniendo la misma cara que Roier cuando no le dejaba comer chocolate antes de cenar. Igual él, que tenía ganas de decires que volvían a estar juntos y no le dejaban. Eso sí que sería una sorpresa.
Por otro lado, los niños pensaban que lo que sus padres querían decir era que, no tenía sentido o que tenían que marcharse ya. Nada que les fuera a gustar, de eso estaban seguros.
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Durante el trayecto desde la casa hasta el lugar misterioso donde llevaban a la pareja nadie dijo nada más. Los niños esperaban el momento en que todo comenzaría y sus padres ya se estaban impacientando por saber qué sorpresa era aquella.
El coche finalmente se detuvo y los niños salieron rápido. Juan llevaba a Quackity de la mano y Roier a Luzu. Willy cerró el coche y fue tras ellos, con una sonrisa como la de los pequeños cuando hacen travesuras. La diferencia era que aquello lo hacían con buena intención.
Empezaron a oír risitas y cuchicheos: "ya verás la cara que pondrán" "Que lindos" "los niños son igualitos a ellos" decían algunos.
Los pequeños los hicieron parar de pronto, en ese momento todo quedó en silencio y sintieron que les desataban las vendas de los ojos. La pareja pestañeo varias veces y se quedaron boquiabiertos cuando todos gritaron "¡Sorpresa!".
Estaban justo en la iglesia donde se habían casado y estaba lleno de gente, básicamente todos los que habían asistido la primera vez. Al fondo de la sala estaba el sacerdote que los había casado.
Luzu y Quackity intercambiaron una mirada de sorpresa y confusión mientras Roier le tendía a la castaña un ramo de flores.
-Bienvenidos a su boda -soltó Juan, emocionado. -Una recreación casi exacta del día más feliz de sus bodas.