Tras la pregunta de Quackity, un silencio ensordecedor inundó la habitación. Luzu no respondía, pero sus manos temblaban y vio el brillo de una lágrima que resbaló por su mejilla. Tal vez se había precipitado.
-Yo...
-Piénsalo, ¿esta bien? -le dijo el pelinegro, había amargura en sus palabras.- Esperaré lo que haga falta. Si al final no quieres, lo entenderé. Pero piénsalo, por favor.
Quackity soltó su mano y se levantó para ir hacia la puerta. Luzu sentía que el corazón le latía a mil por hora, tenía la oportunidad de volver a estar con el hombre que de verdad amaba... ¿e iba a dejarlo escapar?
-Quacks, ¡espera!
Antes de llegar a la puerta, Quackity vio cómo las manos de Luzu rodeaban su cuello. Una sonrisa se dibujó en sus labios para luego perderse en los labios de la castaña.
Quackity la abrazó por la cintura para acortar la distancia entre ambos. El beso duró unos segundos, pero intenso. Al separarse, Quackity la miró lleno de esperanza por lo que iba a decirle.
-¿Y este beso? .preguntó sonriendo.
-Pues... con este beso te digo que sí, quiero que vuelvas a ser mi novio. Nada me gustaría más.
Quackity la abrazó con todas sus fuerzas, se sentía tanto o más feliz que el día de su primer beso, no cabía duda de que era un hombre enamorado. La miró, aún sonriendo, y volvió a besarla, esta vez con más calma.
-Te he extrañe tanto -dijo Luzu en voz baja.
-Y yo a ti, no sabes cuánto. Pero tranquila, no volveremos a separarnos, te lo prometo. ¿Nos acostamos?
-¡Eh! No tan de prisa, acabamos de reconciliarnos - replicó indignada y se apartó de él.
Quackity soltó una carcajada y volvió a abrazarla.
-Y luego decías que yo era el pervertido. Quería decir que si nos acostamos, para dormir -aclaró tratando de aguantarse la risa, Luzu se sonrojó.
-Pues perdona, es que por tu tono y el contexto...
-No quiero arruinar este momento, Luzu. Quiero hacer las cosas bien esta vez.
-Yo también. Ya quiero que amanezca para contárselo a los niños.
-Yo igual, ya me imagino lo felices que se pondrán. Casi tanto como yo ahora -añadió antes de besarla de nuevo.
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Mientras tanto, desobedeciendo la regla de acostarse temprano, en la casa de Sapo peta estaba teniendo lugar una pijamada. Ya habían charlado, cantado karaoke, comieron palomitas y vieron dos películas, una de acción y otra de miedo. Los niños seguían llenos de energía, persiguiéndose para golpearse con almohadas, pero Sapo peta ya empezaba a tener sueño.
-Niños, es hora de dormir -dijo antes de bostezar por quinta vez.
-¡No! -protestaron al unísono.
-Ya es muy tarde, seguiremos jugando otro día. Los niños deben descansar, y yo también...
Sapo peta llevó a Roier y Juan al cuarto donde se quedarían. Había dos camas, Roier y Juan acercaron las camas para estar juntos. Los niños se metieron en las camas y en cuanto sintieron el tacto suave de las almohadas se dieron cuenta del sueño que tenían.
Sapo peta les dio las buenas noches y antes de apagar la luz, los miró emocionado. Por fin los dos niños estaban juntos...
-Dulces sueños, niños.
-Buenas noches, tío Sapo peta - respondieron de nuevo a la vez, a lo que el susodicho sonrió.
La luz fue apagada y ya solo entraban los rayos de la luna a través de la ventana. Escucharon los pasos de Sapo peta alejándose y Roier se giró hacia su hermano.
-Oye, ¿y si hacemos huelga de hambre para que papá y mamá vuelvas a estar juntos?
-Me sorprendes con tus ideas revolucionarias, pero no creo que funcione. Como mucho nos regañaran. Necesitamos un plan que nos garantice el éxito.
-¿Se te ocurre alguno?
Durante unos minutos Juan no dijo nada, pero de pronto pareció ocurrírsele una idea.
-¡Lo tengo, Roier! Pero vamos a necesitar mucha ayuda.