Hacía mucho que escribía, pero no podía dejar este diario inacabado, así que voy a aprovechar las últimas páginas.
A Karl y Sapnap les va bien, son felices. Adoptaron a un niño llamado Spreen, es algo mayor que Juan y Roier, pero se llevan bien. Tiene unos buenos padres, aunque es más apegado a Karl los quiere a los dos por igual.
Roier y Juan ya pasaron de curso y este año también están sacando buenas notas. La llegada de su nuevo primo Spreen ha sido una gran alegría para ellos también, casi cada día después de clase van a jugar los tres juntos. A veces nos piden a Luzu y a mí que tengamos otro bebé. Por eso hemos decidido regalarles un perro por su cumpleaños.
En cuanto a Luzu y a mí, estamos genial. Las únicas veces que discutimos son cuando yo dejo levantada la tapa del váter o cuando ella aprieta el tubo de la paste de dientes por la mitad, en lugar de por abajo. Se lo he ducho cien veces y no hay manera. En fin, las típicas discusiones sin importancia.
Por lo demás, nos va de maravilla. No hemos vuelto a saber nada de Auron ni de Rubi, y me alegro de que sea así. Hemos podido superar el daño que nos causaron y volvemos a ser felices como antes; juntos y con nuestros hijos.
Luzu sabe que la amo, pero cree que se me ha olvidado el tema del matrimonio o que lo evito. Nada de eso, lo cierto es que aún no encuentro un anillo digno de ella y por eso no se lo he propuesto todavía, pero muy pronto le pediré que vuelva a casarse conmigo. Es lo único que nos falta.
Y aquí los dejo, porque Lusu ya me está esperando en la cama y creo que no para dormir precisamente. Soy un hombre feliz.
Aquí termina mi diario.
Quackity de las Nevadas.
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