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La mañana apenas había comenzado cuando Siddy bajó las escaleras, todavía con la sensación áspera del sueño interrumpido

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La mañana apenas había comenzado cuando Siddy bajó las escaleras, todavía con la sensación áspera del sueño interrumpido. La casa estaba silenciosa, demasiado silenciosa, como si a propósito evitara cualquier ruido que pudiera obligarla a enfrentar lo que había pasado la noche anterior.

Pero lo encontró igual.

Mason estaba en la cocina, de espaldas, preparando café como si fuera un día cualquiera. Llevaba una camiseta vieja y tenía el cabello húmedo, recién lavado, pero su postura rígida lo delataba. No estaba tranquilo. No estaba normal.

Solo estaba fingiendo.

—Buenos días, Mase —dijo Siddy, entrando despacio.

—Buenos días, pequeña—respondió él sin volverse.

Ella frunció ligeramente el ceño. Caminó hasta la mesa, apoyó las manos en el respaldo de una silla y lo observó en silencio. Esperó. Nada. Ni una mirada, ni un gesto, ni un intento de conversación. Como si no estuviera ahí.

—¿Quieres salir a correr? —preguntó al fin, buscando algo familiar, algo que pudiera acercarlos de nuevo— Dijiste que hoy entrenaríamos temprano.

Mason sirvió café en su taza, sin derramar ni una gota, sin prisa, sin emoción—No, hoy no —respondió seco.

Siddy parpadeó—¿No vas?

—No.

El silencio cayó, pesado, como un libro que se cierra de golpe.

—Mason —comenzó ella, dando un paso hacia él— Necesitamos hablar de lo de anoche.

Él apretó la mandíbula. Lo vio. Lo sintió. Su espalda se tensó como si el nombre mismo de la noche anterior lo golpeara—No hay nada que hablar —dijo finalmente, aún de espaldas.

—Te convertiste e intentaste atacarme —susurró Siddy, incapaz de contenerlo— A Stefan, a Caroline, a Tyler... —

—Sid, basta— La interrumpió con la voz firme, cortante, tan afilada que la obligó a callar de inmediato. Pero aun así no se giró. Apretó los dedos alrededor de la taza con tal fuerza que ella temió que el vidrio cediera.

—Yo sé que no querías hacerlo —continuó ella, más suave, dando otro paso hacia él— Pero necesito entender qué pasó. Como sucede, necesito respuestas—.

Él inhaló hondo, como si se preparara para responder... pero no lo hizo. Solo soltó el aire lentamente y dio un sorbo al café, usando el gesto como excusa para seguir ignorándola.

—Mason —susurró ella, ahora casi suplicando— Por favor.

Nada. Ni un movimiento. Ni un intento. Ni la más mínima señal de que pensaba hacerlo. Finalmente, él dejó la taza sobre el mesón con un sonido seco.

—No voy a hablar de eso, Siddy —dijo, esta vez con un cansancio profundo en la voz— Si, me viste convertirme en un lobo. Si, te ataque a ti y a tus amigos, pero olvídalo, no quiero hablar ahora.

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