Tras la llegada de dos hermanos al pueblo Mystir Falls, desatan oscuros recuerdos sobre la realidad de este pueblo, poniendo en peligro a todos lo que la rodean.
Uno de los hermanos salvatores alocara los sentimientos de Sidney, consigo trayendo pr...
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Los tres corrieron por los pasillos como si la casa estuviera en llamas.
El eco de sus pasos rebotaba en las paredes, mezclándose con la música lejana de la fiesta que seguía abajo, cruelmente ajena a lo que estaba a punto de romperse para siempre.
Sidney iba adelante.
El corazón le golpeaba con tanta fuerza que apenas oía a Caroline gritar el camino, ni a Damon jurar por lo bajo. La puerta de la oficina de su padre estaba entreabierta.
Sidney la empujó. Y se quedó helada.
Tyler estaba en el suelo, encogido, sollozando sin control, con las manos temblando.
Sarah yacía a pocos metros de él. Inmóvil. Los ojos abiertos. El cuerpo torcido de una forma que no dejaba lugar a dudas. Matt estaba inconsciente al otro lado de la sala, contra la pared, con un hilo de sangre corriéndole por la sien.
El mundo de Sidney se detuvo.
—Ty... —susurró.
El nombre fue suficiente.
Tyler levantó la cabeza, los ojos enrojecidos, desorbitados. Cuando la vio, se puso de pie de un salto y corrió hacia ella.
—¡Sid! —sollozó. Se aferró a ella con desesperación, temblando de pies a cabeza—La maté —balbuceó— Yo... yo la asesiné.
Sidney lo sostuvo antes de que cayera.
—Tyler, mírame —dijo, con voz firme aunque por dentro se estuviera quebrando— Respira.
Pero él no podía—Ella me atacó —tartamudeó—Yo solo la empujé, Sid, solo fue un empujón... fue un mal golpe y... y está muerta y yo...—.
Su respiración se volvió errática.
—Yo activé la maldición —susurró, horrorizado—Yo lo hice.
Sidney no dijo nada. Solo lo abrazó con fuerza. Tyler se derrumbó en sus brazos, sollozando contra su hombro como un niño roto.
—Shh... —murmuró ella, acariciándole el cabello— Todo está bien. Lo vamos a solucionar. Te lo prometo.
Las palabras salieron seguras, aunque por dentro no supiera cómo cumplirlas.
Levantó la mirada.
Buscó a Caroline primero. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, el rostro pálido, asintiendo apenas.
Luego miró a Damon. Él la observaba en silencio.
No había reproche explícito en su expresión, pero sí algo peor. Esa mirada decía te lo dije. Este plan iba a terminar mal. Mi familia siempre paga el precio.
Damon apretó la mandíbula. Todo esto era culpa de Katherine. Pero, en el fondo, también era culpa suya. Al matar a Mason, había puesto la primera ficha en movimiento.