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Los pasillos de Mystic Falls High hervían con conversaciones, risas y el golpe metálico de casilleros abriéndose

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Los pasillos de Mystic Falls High hervían con conversaciones, risas y el golpe metálico de casilleros abriéndose. Entre ese caos habitual, Bonnie, Elena y Siddy avanzaban como un pequeño huracán de comentarios sarcásticos.

—Falta mucho ganado masculino —suspiró Bonnie, observando el panorama con evidente decepción.

—Siguen los mismos cretinos que mi hermano me espanta siempre —refunfuñó Siddy, rodando los ojos con un gesto tan teatral que Bonnie soltó una risa.

—Miren... ¿Kelly Beech se vistió con las cortinas? —soltó Bonnie al ver a la pelirroja pasar frente a ellas—. ¿Seguimos diciendo "transexouide"?

—Ya pasó —dijeron Elena y Siddy a coro, apoyándose en los casilleros como si ya estuvieran acostumbradas a los comentarios de la bruja.

—Buscar novio. Inventar frases. Hay mucho que hacer —añadió Bonnie con falsa solemnidad.

—Yo no podré tener novio mientras Tyler exista —suspiró Siddy, exhausta—. Los espanta a todos jurando asesinarlos si me invitan a salir.

—Debemos deshacernos de Tyler también —bromeó Bonnie, pero su sonrisa se evaporó al ver a Matt al
fondo del pasillo.

Elena se giró instintivamente, levantando una mano para saludarlo. Matt la miró. Sin expresión. Sin emoción. Sin nada. Y siguió caminando.

—Me odia —susurró Elena, hundiéndose contra los casilleros, como si el rechazo pesara demasiado.

—No te odia —replicó Siddy—. Esa actitud significa "me botaste y finjo estar bien... aunque en secreto escucho Adele a todo volumen".

—Elena, ¡estás aquí! —Caroline apareció como un torbellino rubio, envolviéndola en un abrazo apretado—. ¿Cómo estás? Te ves... bueno, te ves. ¿Está bien? ¿Está realmente bien?

—Caroline, estoy literalmente aquí —respondió Elena, atrapada entre los brazos de su amiga—. Y sí, estoy bien.

Caroline la observó con ojos entrecerrados, buscando fisuras.

—¿De verdad?

—Sí. Mucho mejor.

Siddy la miró con la misma duda silenciosa que Caroline, pero no dijo nada.

—Pobrecita —murmuró la rubia antes de abrazarla de nuevo.

—Gracias, Caroline... —Elena trató de respirar.

Después de despedirse, Elena giró hacia sus amigas con una sonrisa demasiado perfecta.

—Sin comentarios. En serio.

Bonnie iba a responder, pero se quedó inmóvil. Miraba hacia la oficina.

—Esperen... ¿quién es él?

—Solo veo su espalda —comentó Elena.

—Yo solo veo que tiene un lindo trasero —añadió Siddy muy concentrada. Las dos la miraron como si hubiera confesado un crimen—. ¿Qué? ¡No es culpa mía que tenga un trasero atractivo!

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