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La mañana llegó sin pedir permiso

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La mañana llegó sin pedir permiso.

La luz del sol se coló entre las cortinas y Sidney abrió los ojos lentamente, con una sensación extraña instalada en el pecho. No era tristeza exactamente. Tampoco enojo. Era algo más difuso. Persistente.

Se quedó mirando el techo unos segundos, respirando hondo.

Algo no estaba bien.

Se incorporó despacio y llevó una mano al cuello. El collar seguía ahí. Sus dedos lo rodearon de forma automática, como si su cuerpo supiera que era importante aunque su mente no.

Un golpe suave en la puerta la sacó del borde del sueño.

—¿Sid? —la voz de Tyler llegó amortiguada—. ¿Puedo pasar?

—Sí, pasa.

Tyler abrió la puerta y se apoyó en el marco, con esa expresión tranquila que usaba cuando quería que todo pareciera normal. Sidney se sentó mejor, acomodando las sábanas.

—¿Cómo te sientes? —preguntó de inmediato—¿Todo bien?—.

Tyler asintió—Bien, hasta ahora. Todo normal—.

Sidney lo observó con atención. Demasiado normal, quizás.

—La luna llena se acerca —dijo— Si necesitas ayuda, ya sabes que...—

—Está todo bien —la interrumpió él, alzando una mano— De verdad. No te preocupes. No la voy a necesitar esta vez—.

Sidney parpadeó—¿Estás seguro?—.

—Sí —respondió sin dudar— Caroline me va a ayudar—.

Eso sí la descolocó.

—¿Caroline? —repitió, frunciendo el ceño—¿Desde cuándo...?—.

Tyler sonrió, relajado—Desde la fiesta de mascara. Ha estado ayudándome mucho. Más de lo que crees—.

Sidney ladeó la cabeza—¿Ayudándote cómo?—.

—Me entiende —dijo él simplemente— Mejor que nadie.

Algo en el tono hizo que a Sidney se le erizara la piel—Tyler... —empezó— ¿a qué te refieres con eso?—.

Tyler la miró un segundo más, como evaluando si debía decirlo o no. Luego hizo un gesto rápido con los dedos, imitando colmillos.

Sidney frunció el ceño, sin comprender.

—¿Qué se supone que...?—

—Es vampira —dijo Tyler, como si estuviera hablando del clima—¿No lo sabías?—.

El silencio cayó de golpe—¿Qué? —Sidney se irguió por completo— ¿Que?—.

No terminó la frase.

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