CAPÍTULO XXI

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Se encontraba él solo en ese cuarto blanco , iluminada por una tenue luz azul que comenzaba a guiñar de vez en cuando, todo allí le causaba claustrofobia. No sabía como había llegado ahí, mucho menos la razón de su presencia, sin embargo el lugar le era  -por algun motivo- perturvadoramente familiar. Tragó saliva para iniciar su caminar y al instante noto que las piernas le pesaban como si hubiese cemento en ellas. Cerró los ojos un momento y en cuanto los abrió una mesa metálica con un bulto cubierto de una manta le esperaron llenándolo de incertidumbre, sorpresa y sobretodo temor.

Ya recordaba que lugar era

Por un motivo en su mente incierto su mano de movía sin su orden a destapar aquel bulto que él muy bien y por desgracia sabía que era. Y en cuanto lo hizo las lagrimas que ya amenazaban con brotar fueron liberadas. Era él. En un momento así él solo quería poder tocarlo de nuevo, sostener en brazos su ahora gélido cuerpo pero no podía, su cuerpo no se movía y sus brazos no seguían sus órdenes, nada de su cuerpo le respondía solo podía ver la escena. Estaba atado sin estarlo, era una total tortura

—Porfavor —dijo con la voz quebrada—, Vandal...

Cerró nuevamente los ojos con fuerza, esperando que esa escena desaparezca.

Los volvió a abrir.

Había cambiado algo: Ahora la persona inerte frente suyo ya no era Vandal, sino Rubén. Estaba totalmente descubierto sus cabellos marrones claros le tapaban la frente. El pelinegro miró horrorizado los tres agujeros de bala de su ex novio ahora ubicados en el cuerpo de su nuevo amigo, de ellos comenzó a brotar tanta sangre como para manchar todo el suelo, las paredes. Ricardo observo bien el rostro de su acompañante pues de sus ojos cerrados también salía ese líquido carmesí, fue entonces cuando Rubén abrió los ojos en grande.

Ricardo despertó de repente en su cuarto con la luz dándole directamente en la cara, su respiración era acelerada y los cabellos que le decoraban la frente se pegaron en ella por el sudor. Suspiró fuerte, todo había sido una larga y pesada pesadilla.

—Mierda —dijo al revisar su celular al lado de la cama: 12:30. Su primera clase del día iniciaba hace dos horas y la siguiente en veinte minutos.

Una vez entro a la ducha para quitarse todo ese sudor pegajoso del cuerpo comenzó a pensar -sobrepensar- de manera intensa. No quería volver a sentir lo que sintió, no quería amar a alguien que luego el destino le quitaría de la forma más grotesca posible.

—Debo de acabarlo de una vez.

No debería existir el amor para él, no se lo merecía.

***

El castaño se estaba preocupando.

Había pasado días desde que hablaron por última vez y aunque lo veía ocasionalmente por la universidad siempre surgía un imprevisto que le hacía imposible poder hablar con él. Hoy quiso que fuera la excepción. Lo buscó en la clase donde debería estar y no lo encontró por ningún lado, incluso preguntó a unos cuantos de sus compañeros si lo habían visto y todos -algunos con mala gana- respondieron que no, esa fue su primera señal de alerta. Sin disipar su preocupación esperó hasta su segunda clase percatandose que quedaban menos de cinco minutos para su segunda clase y él aun no llegaba -teniendo en cuenta lo puntual que era-, en ese punto pensó lo peor.

En cuanto se propuso a ir a dirección y pedir su contacto para asegurarse de que realmente no le pasaba nada, lo vio a lo lejos. Estaba trotando un poco, con libros en mano, el viento le daba directamente a la cara. Era invierno por lo tanto también noto su nariz algo roja, Lo observó por completo, sus pantalones negros de siempre que se le ajustaban la  cadera, una camisa negra de vestir con dos botones desabrochados en el cuello y un abrigo rojo que daba el toque de color.

Nostalgia [killerrich]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora