CAPÍTULO I

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Al día siguiente, no quería asistir a la universidad.

Se sentía bastante patético el hecho de que lo habían visto tantas personas llorar, derrumbarse. Odió la mirada de cada uno, como de pena, como si mirarán a alguien inferior, miserable, a alguien que necesitaba ayuda. Y tal vez era cierto.

Nadie sabía lo que le pasaba, que era lo que tenía, pero tampoco hacían mucho para tratar de ayudarlo o saber que le incomodaba. Las personas a su alrededor pensaban en sí mismas, en su mundo y sus beneficios propios; más, no los culpaba, después de todo ¿Quien podría preocuparse por él? Por alguien tan catastrófico, tan monótono, tan aburrido.

Los pasillos de su facultad eran estrechos, y vacíos, a veces el frío los envolvía y los hacía menos amistosos, nadie concurría por ellos, si querían hacer vida social tenían el comedor y el jardín central, los cuales eran muchísimo más cálidos; era sin duda el lugar perfecto para que Ricardo esté completamente a solas y respire un poco de paz, fuera de todo el cosmo. Se subía siempre al penúltimo piso y miraba por el balcón, tenía vista de todos ahí, aunque las personas siempre le valían poco, se aburría de verlos hablar y reírse, se aburría porque él no podía hacerlo. Y después de que se cansará de observarlos, miraba hacia el cielo, esperando ver un dinosaurio dibujado en las nubes, como Vandal siempre solía hacerlo.

Sonrió sincero al recordar aquello, como habían subido hasta ahí, casi todos los días, y como siempre al más bajo se le ocurrían ideas de todo tipo y plasmaba dibujos en las nubes que para Rich, le eran imposibles de ver. A veces le asombraba su imaginación, y también amaba mucho eso. Amaba como podía convertir a algo sin color en una obra de arte pulcra.

Tragó saliva, no quería llorar denuevo, no quería que las lágrimas sean su nuevo pasatiempo. Volvió su vista hacia abajo para nuevamente observar a los estudiantes, y algo ligeramente extraño se hizo notar, haciéndolo extrañarse. El chico de ayer parecía estar buscando algo, tenía un paquete de poco cargando en su mano izquierda, y sus ojos de extraño color miraban desesperados cada rostro. Entonces vió que habló con un chico y este señaló a su dirección, con un poco de temor.

Ricardo supo de inmediato que lo estaba buscando a él.

No quería verlo definitivamente, sabía que él no tenía la culpa de sus recuerdos del pasado y de cómo lo lastimaban cada día. Pero de todas formas, lo vió caer. Sólo pensó que iba a venir a reírse en su cara, que le iba a decir llorón y que iba a quedar aún más estúpido de lo que era. No quería estar cerca de él. Pero tampoco querías que estén los dos solos en ese lugar tan especial. En el único lugar que sentía que su mente se aclaraba.

Al final se decidió por bajar y buscarlo, de todas maneras lo iba a encontrar, siempre es mejor que las desgracias pasen antes, pensaba. Bajó las escaleras tranquilo y descuidado, mirando a todos lados, actuando como si nunca hubiese sabido de que iban en su encuentro, lo bueno de él es que era un actor de primera, deberían de contratarlo en alguna película pero ya, esconder sentimientos y hacer que no te duelen mientras actúas normal frente a todas las personas debería merecerce un Oscar.

También pensó que no podía hacerle daño una persona que apenas le dijo unas palabras ayer, por todo lo que pasó, ya estaba destruido, no había más que romper. Cuando un vaso está lleno el agua cae, y Rich había caído hace un buen tiempo; un año exactamente.

El encuentro se hizo ver sin esperarlo y la tención gobernó.

Rubén se quedó parado mirándolo acercarse. Ambos suspiraron.

—Te estaba buscando —comenzó a hablar.

Ricardo lo miró inexpresivo, levantando una ceja. Y vio como las manos del contrario estaban tiritando ¿Acaso le temía?, También observó que se mordía tanto el labio que podría arrancarlo en cualquier momento, y definitivamente no quería ver ese espectáculo. Decidió apaciguar su mirada para calmar el ambiente e irse de ahí lo más rápido posible. O que el mundo lo tragase uno de dos.

Nostalgia [killerrich]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora