Ignacio se encontraba solo y en silencio, merodeando un pequeño parque lleno de sombra de árboles que se encontraba al lado de su facultad, era uno de los lugares donde más le gustaba estar, se sentía demasiado bien ahí. Y principalmente quería un lugar calmado, su primera clase había acabado, la cual fue larga, pesada, que mejor que tratar de descansar, sin molestias. Era el menos concurrido, y solo el viento era su espectador, solo él guardaba sus secretos.
Agarró un libro y se sentó en una banca, no sin antes verificar que esta estaba limpia. Abrió el libro en la página cincuenta y tres, estaba llegando al clímax, la historia daba giros inesperados y eso a él le fascinaba, lo atrapaba. Contaba un amor de fantasía que era tan real como imaginario, mientras más se enamoraba el protagonista, más lejos estaba de conseguir sus sentimientos. Un amor que te atrapaba en cuanto lo leías, que te hace soñar con tener uno igual.
Pero en eso su calma y tranquilidad, fueron cortadas de lleno.
Un chico se había sentado al lado de él, sin ningún aviso y ni siquiera había mirado en su dirección. Vió como comenzó a buscar en su maletín algunas hojas sueltas. Se extrañó bastante, nunca lo había visto. También estaba molesto, mucho, se había metido sin su permiso a desequilibrar su calma, y no se iba a callar, ni dejarlo pasar. Su boca se abrió con potencia, más el contrario lo observó y sonrió.
—¡Oh! Disculpa—dijo el chico, su español era un poco extraño—, no me dí cuenta de que había alguien sentado aquí.
Ignacio le pareció indignante aquello y estaba más incómodo que antes ¿Cómo era posible de que no lo haya notado?. Sin embargo su cabello rojizo y esa sonrisa que le había brindado antes, le parecieron singulares. Suspiró fuerte, no pensaba decir nada.
—Lo siento si te molesté —dijo de nuevo—, supongo que hay más sillas donde sentarme. Un gusto.
Y eso más que tranquilizarlo lo desconcertó. Cualquier persona que se acercara a él, primero le piden miles de disculpas y después comienzan a ligar pensando que tendrían alguna oportunidad. Pero era diferente, parecía que ni siquiera lo reconocía. Vió como se levantaba de la silla, y entró en pánico. Quería saber porqué no era como los demás.
Agarró su brazo, sin voluntad propia y por reflejo, actuó no con sus cinco sentidos y en cuanto lo hizo se lamentó. El otro volteó sorprendido.
—¿Quién eres? —dijo el de cabello negro, intentando descifrar la mirada que le observaba. Lo soltó enseguida.
El aludido se sentó antes de responder, con las manos sobre sus rodillas. Llevaba una chaqueta de cuero, la cual acomodó puesto que Ignacio la había desordenado un poco del hombro. Volteó a verlo con su rostro alegre, sus pestañas y cejas al igual que su cabello eran rojas, era extraño observarlo. Un extraño bueno.
—Soy un estudiante de intercambio, de Francia —dijo moviendo sus manos— me translajeron aquí —arrugó su nariz confundido, se tocó la frente y se sonrojó levemente— Creo que no existe esa palabra.
Negó con la cabeza, divertido, una pequeña sonrisa salió de sus labios, sus dientes blanquecinos relucieron. Sus ojos apagados se encendieron en cuanto vió al contrario reírse, le era diferente y ciertamente, un tanto adorable. Su interior comenzó a hacerse un vacío significativo y en su mente se desarrollaban preguntas. La lengua le ardía ¿Qué tenía ese chico?
—Lo siento, mi español es perfecto —dijo sin poder pronunciar bien la "r"—, aunque a veces suelo confundirme.
Estaba tan encantado como asustado. Era un chico común, que simplemente se sentó a su lado sin previo aviso y sin preocuparse, que en cuanto lo vió le dedicó un rostro animado; y que de algún manera no tenía ganas de gritar, golpear o degradar, no tenía ni siquiera intención de hacerle sentir mal. Tragó saliva, en serio le estaba preocupando.
—Mi nombre es Gabriel —su acento francés se pronunciaba más, se notaba atractivo— ¿Cual es el tuyo?
—Ignacio.
Contestó con recelo, su sonrisa se había apagado un poco y comenzó a mirar el suelo, las cuerdas de sus zapatos se hicieron muy interesantes de repente. No quería mirarle a los ojos, le fastidiaba lo penetrantes que se veían.
—Joli nom —miró su reloj en la mano—, me tengo que ir, se me hace tarde para mi clase dos.
Se levantó, sobre la mirada aturdida del de ojos oscuros, no quería que se fuera tan deprisa, aún quería averiguar el porqué. Aunque se quedaría con la duda.
—Nos vemos, seguro y nos volvemos a encontrar.
Y sin más se fue caminando, siendo invisible entre las personas que ya iban formando grupos. Estaba raro, anonadado. No sabía que sentir, que decir. Se había sorprendido así mismo el hecho de que no haya dirigido palabra, de que le haya dado tanto miedo contestar, decir algo malo, fuera de lugar. Herir sus sentimientos.
Definitivamente era foráneo. Una sensación nueva que le encantaba pero sentía que iba a odiar. Se golpeó la cabeza, cualquier pensamiento impuro en su mente simplemente tenía que esfumarse, no tenía tiempo para esas cosas. Se acomodó el cabello y se dirigió también a su clase.
Esperando los suspiros de todo aquel que lo veía pasar, pensando en un chico que había conocido hace poco, y que a diferencia de todos, no suspiraba para él.
***
Aún su mente se encontraba despistada. La clase que plasmada en el gigantesco pizarrón y la voz femenina que explicaba era callada con recuerdos de hace unos instantes. Su mano en su barbilla y sus ojos mirando en dirección al sol, junto a la ventana. Nunca tuvo sus facciones tan relajadas como en ese momento. De alguna manera era todo tan pacífico, se encontraba él en un cuarto blanco.
—Usted, señor —señaló en su dirección— ¿podría decirme que es una gama de color?
La señora se acomodó sus lentes arrugando un poco su nariz, lo había visto sin prestarle atención alguna, y aquel chico tenía la fama de ser un prodigio, quería saber si eso era cierto. Para la sorpresa de ella y de todos los presentes, con aún la mirada firme en la ventana, contestó con palabras claves y alegando junto a su grave voz.
—Es un proceso que se usa para crear un color —volteó para verle los ojos a la señora mayor—, también se define como lugar geométrico de los puntos del plano matiz-saturación, se representan mediante una técnica.
—Perfecto. Me alegro que no lo hayas confundido con las gamas de colores —dijo más calmada.
Agarró su plumón de tiza y siguió escribiendo y dibujando en la pizarra, para explicar la diferencia que había entre estas dos palabras, aunque eso el de ojos oscuros, ya lo sabía.
“El color rojo es muy bonito, no entiendo porque antes no me gustaba”
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Hola wapos.
¿Que tal llevan está cuarentena?, Yo con muchas clases :( y exámenes, estoy en semana de pinches exámenes xd.
Espero que esté capítulo haya sido de su agrado <3, conocemos más a Rubik y apareció el shadou precioso kdkcksmcis.
Pd: amo chillcraft jsjsj
Nos leemos luego 👀
-Always in my heart. M.
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Nostalgia [killerrich]
FanfictionCuando Ricardo se enteró que Vandal había muerto su corazón se partió en miles de pedazos imposibles de juntar. Se convirtió en un joven solitario, sin ganas de tener al menos un poco de felicidad en su vida. Y se juró así mismo que nunca se iba a e...
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